COLUMNA: ¿QUÉ DEJA MALOVA AL DEPORTE?

Algunas obras buenas, pero poca gestión para los deportistas en Sinaloa

Redacción

Se va el sexenio de Mario López Valdez y parece buen momento para hacer un rápido resumen acerca de lo efectivas, o no, que fueron las políticas públicas en materia de deporte. Bueno, en el mejor de los casos fueron más sus obras que las acciones.

En este aspecto nos trataremos de explicar: no habrá quien pueda objetar que deja como legado varias obras dignas de resaltarse y que aún y la notoria falta de dinero que caracterizó a su gobierno (al menos a la vista), deben resaltarse.

De manera particular, más allá de canchas, patios escolares, espacios públicos y áreas recreativas ubicadas a lo largo del estado, se resalta la construcción y habilitación de esas cinco hectáreas  en las cuales se aloja la Academia de Beisbol y el Museo Interactivo, que ha merecido muchos halagos y que están por ahora bajo la dirección “de facto” a  cargo del licenciado Ramón Elías Lau.

Un excelente proyecto que abrió sus puertas para luego cerrarlas por un tiempo prudente mientras encuentran la manera de poder sostener económicamente a un “monstruo” que nadie quisiera tener como “elefante blanco”. El convenio firmado con las Grandes Ligas, tan cacareado, abarca solamente lo deportivo porque en lo financiero, en lo que respeta a gastos de operación, se busca la figura con la cual se pudiera sostener algo que no saldrá tan barato.

Es con todo propósito que no incluimos entre las obras del gobierno malovista al nuevo estadio de beisbol de Culiacán ya que si algún mérito se le debe dar a alguien es al gobierno federal y especialmente, al hoy titular de SEDESOL, José Antonio Meade, quien fue el que ayudó al Juan Manuel Ley López (QEPD) a “bajar” casi la totalidad de los recursos que hicieron posible la obra.

La historia cuenta que la administración estatal fue la que administró dichos recursos ya que la ley prohíbe que estos sean manejados por un particular. De hecho, el proyecto técnico, de viabilidad, no fue realizado desde la oficina de José Luis López Montiel sino desde las oficinas Ley.

Aún así, hay que reconocer que la gente de MALOVA apoyó con todo a la empresa y aunque tardaron poco más de la cuenta por el asunto de la infame demanda en contra, entregaron una obra que hoy maravilla a propios y extraños. Lástima grande que a Juan Manuel Ley no le tocó más que una sola temporada disfrutar del gran estadio y hoy, el inmueble es operado por quienes se “agandallaron” del club y hasta reniegan de quien lo hizo posible.

Por cierto, tanto el ayuntamiento local como el gobierno del estado deberían presionar para que en definitiva, el estadio lleve el nombre de su principal promotor. Eso sí sería un acto de justicia.

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