Por Sergio Ceyca
El libro ‘Resistencia: voces del periodismo en riesgo’ que reúne testimonios de personas desplazadas por el riesgo del periodismo –ya sea de manera directa o indirecta–, se presentó este sábado 28 de septiembre en el Centro Cultural Autogestivo El 77, en Ciudad de México. El libro fue coordinado por Martín Durán Romero, colaborador de La Pared Noticias, e incluye textos de los periodistas Gildo Garza (Tamaulipas), Amir Ibrahim Mohamed (Quintana Roo), Martín Méndez (Guerrero), e Itzamná Ponce (Veracruz).
El libro fue editado por Centro Cultural Autogestivo El 77 y la edición estuvo a cargo Emilia Bautista, Daniela Flores Serrano y Brenda Flores Hernández; en la edición impresa el libro resume los cuatro testimonios mientras que, en la edición digital, disponible mediante un código QR incluido en el libro, se incluyen los textos íntegros. El libro nace bajo la premisa, cuentan las editoras, de dar voz a las atrocidades que estaban viviendo los periodistas.
Entre los comentaristas estuvieron Itzamná Ponce, pareja de Rubén Espinoza en el momento de su muerte. Éste fue una de las personas asesinadas en una casa de la colonia Narvarte de la Ciudad de México, en 2015. Itzamná Ponce comentó cómo, tras el homicidio de Rubén, ella tuvo que abandonar Veracruz y enfrentarse a la enorme cantidad de problemas para aclarar qué ocurrió aquella noche.
“Este texto lo escribí en 2017, cuando habían pasado dos años del crimen y seguía siendo, y sigue siendo ahora después de cuatro años, un suceso que atraviesa cuerpo, corazón, todo el contexto; yo fui desplazada de Xalapa dónde teníamos nuestra casa y nuestra vida y nuestra pequeña construcción de lo que somos, de nuestra cotidianidad, y a partir de su asesinato salgo de esa ciudad y llego a Ciudad de México buscando otra red, otro soporte, que me ayudara a entender qué estaba sucediendo y también a seguir caminando. Y me encuentro con esa bonita red de abrazos y solidaridad que han sido muy significativos: desde redes de artistas, de periodistas, de organizaciones sociales, de gente que en ese momento sin conocerme me dio la mano y ahora se han vuelto familia. También escribí pensando que el testimonio tiene un valor político y que con ello podemos seguir generando otras formas de sensación, de pensamiento, y de apoyo para pensar cuál es nuestro lugar en esta sociedad que necesita transformarse para no permitir que nos sigan hiriendo de esta forma”, declaró ante los asistentes.
Martín Durán Romero, por su parte, en las pláticas con las editoras siempre les comentó que escribir es un acto de resistencia: “y si ya de por sí escribir desde una posición donde no hay tanta inseguridad es así, escribir para comunicar y sabiendo que eso te puede matar; que alguien –ya sea un agente del Estado o del Crimen organizado–, implica un doble esfuerzo. Por eso este pequeño libro es un acto de resistencia para el periodismo, aunque es cierto que no están todas las voces; es una muestra del desplazamiento forzado tanto de periodistas como de luchadores de derechos humanos, del cual en su momento se hablaba muy poco”.
Durán Romero argumentó que, desde el gremio, siempre se ha dicho que se debe hablar más de las personas asesinadas y de las personas desaparecidas, que son las peores maneras de silenciar a una persona.
“Siempre ha existido en México la movilización a la que se ven forzadas las personas que escriben. Entonces, era también parte del proyecto darle espacio a esa voz que estaba en resistencia, que sufrió una herida terrible, algunos incluso con pérdidas humanas o la cuestión familiar o patrimonial, la cuestión laboral; además de que entre las personas desplazadas siempre se genera una especie de estigma, pero cuando iniciamos el proyecto me gustaba pensar en los colegas que, desde un pequeño departamento o desde el celular, continuaban escribiendo y compartiendo notas”, comentó.
Para concluir comentó que, en estos meses desde que entró la nueva administración federal encabezada por Morena, esperaba un cambio del discurso que el Estado maneja sobre la prensa: “lo que estamos viendo todavía en este país, a casi un año del nuevo gobierno, es que los ‘abrazos y no balazos’ no han funcionado y me sigue pareciendo tan terrible cómo cuándo empezamos el proyecto la situación iba a mejorar con los años. En 2018 y en 2019 le ha ido muy mal al gremio periodístico. Y siento que nos ha ganado la inercia de ya no ser tan rabiosos como en 2017, cuando se crearon muchas redes; hay que ser autocríticos, también, entre los periodistas”.

