Ciudad de México.- La capital se detuvo al paso de un convoy que parecía más un operativo militar que un traslado forense. Ambulancias forenses de la Fiscalía General de la República avanzaban escoltadas por vehículos blindados de la Guardia Nacional, mientras sirenas y luces rojas cortaban la tarde. Dentro viajaba el cadáver de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, el hombre que durante años fue símbolo de poder y violencia en México.
El recorrido comenzó en el Aeropuerto de la Ciudad de México y se dirigió hacia la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO). Cada metro del trayecto estaba cubierto por personal armado; cada mirada de los transeúntes parecía medir la magnitud de lo que presenciaban: el último viaje del capo más buscado del país.
Oseguera Cervantes había sido herido en un operativo en la sierra de Tapalpa, Jalisco, y murió mientras era trasladado a la capital. Su caída no trajo calma: en carreteras y ciudades cercanas se reportaron incendios de vehículos y negocios, mientras el miedo se expandía como humo, recordando que su influencia aún se siente más allá de la muerte.
El convoy avanzaba como un cortejo fúnebre de Estado, custodiando no solo un cuerpo, sino el símbolo de una era marcada por violencia y miedo. Cada sirena, cada blindado y cada agente armado parecía señalar el final de un capítulo en el crimen organizado… y al mismo tiempo abrir la puerta a la incertidumbre sobre lo que vendrá después.
El Mencho ya no está, pero su sombra permanece. Está en las barricadas quemadas, en los negocios reducidos a cenizas y en cada mirada que se pregunta qué seguirá tras la caída del capo más poderoso de México. Su último viaje, entre armas y sirenas, quedará grabado en la memoria del país como un momento histórico de la lucha contra el crimen organizado.
Redacción LaPared