Joven muerto con “El Güero 90” era desplazado por los operativos contra El Chapo
Por Cynthia Valdez
Amelio Nájera Hernández era un joven de 18 años, originario de una ranchería de la sierra entre Durango y Sinaloa; desde niño creció entre campos de amapola, de “grande” fantaseaba con ser “narco”, desde pequeño el paraíso prohibido le daba para poder comer un plato de frijoles y tortillas, sembrando y cortando goma.
En esta parte de la sierra no hay otra opción de vida, la resistencia en estas regiones olvidadas y dominadas enteramente por el crimen organizado los convierte en delincuentes, en mano de obra y carne de cañón desesperada y barata.
Amelio, según cuentan familiares, imaginaba que tendría un pedazo de milpa repleto de amapolas lindas, con sus flores moradas bien abiertas, entre las que se abre paso sonriente y posa para la foto que guardaba como recuerdo en su cuenta de Facebook. Palomas blancas de papel hoy adornan su velorio y sepultado con él su gran anhelo de convertirse en narco.
Pareciera que la generación de adolescentes como Amelio se está exterminando entre sí, desempleados, transitando por las calles para ver quién los contrata; y auno a ello viene la muerte, el hambre, el rezago educativo del país y el desplazamiento forzado del año pasado que obligó a más de 600 familias de la sierra de Durango trasladarse tras la ‘batida’ de la Armada de México al municipio de Cosalá, Sinaloa, fue el hecho social del cual el narcotráfico tomo ventaja para reclutar jóvenes.
Sí, Amelio fue uno de esos jóvenes que bajaron a Cosalá debido a la cacería contra el Chapo por toda la zona, cacería que concluyó para el Gobierno en enero pasado con el arresto de Guzmán en Los Mochis, pero de la cual la familia Nájera Hernández
“Así es, oiga, es mi primo Amelio, lo fueron atrasar el pobre por meterlo con esa gente, tan nuevecito que estaba el pobre plebe. Los otros también eran familia de nosotros, eran primos hermanos”, cuenta un familiar que pide el anonimato.
“Todos son bien pobrecitos oiga, no crean que tienen lujo ni nada de eso por andar con esa gente, pero desde que pasó lo de Marina no ha habido trabajo y tampoco al rancho se han podido regresar. Los marinos pasan en chinga en las rápidas hasta borrachos y echando bala nomás metiendo miedo, ahí siguen en El Limón. Ellos se metieron a ese rollo no sé por qué, a lo mejor se desesperaron de que no hay trabajo bien”, relató.
La “tracatera”
Pum, pum, pum. Track, track…
En una gasolinera de Cosalá cae “El Güero 90”, Juan Carlos Landeros Mariscal, ex agente de la policía municipal y operador del narco más poderoso y cabeza más visible del cartel de Sinaloa, Ismael ‘El Mayo’ Zambada.
“El Güero 90” fue sorprendido con una lluvia de balas por un grupo rival cuando viajaba en su camioneta por una calle de la entrada principal de la cabecera del municipio cosalteco; intenta protegerse pero las balas cruzan, uno le pega en la boca, y otros más en el pecho. Ra-ta-ta-ta-ta-ta-ta.
Estos impactan, uno directo a la cien y otro en el entre ceja a Luis Miguel Acosta. Pum-pum-pum. José Ramón Jáquez se convierte en pararrayos de las balas que iban dirigidas a su patrón. Puuuum-puuuum-puuum. Estos tiros atraviesan en la barbilla y el cuerpo escuálido de Amelio.
En total, cuatro hombres muertos, tres quedaron afuera de una camioneta Lincoln, y otro más en la cabina. Sobre los agresores no se obtuvo ningún dato. Se difuminaron como sombras. De los hechos había sobrevivido un joven de 22 años.
De inmediato, al día siguiente, la Tercera Región Militar confirma que Landeros Mariscal operaba para “El Mayo” en esta región, y también que su homicidio podría estar vinculado con la incursión de decenas de hombres armados en La Tuna.
“El Güero 90”, según la versión de la Sedena, habría enviado gente a Badiraguato en la nueva guerra que se abre entre los Beltrán y los Guzmán e, incluso, Rafael Caro Quintero.
Cuatro días después del ataque en la gasolinera, Inés Tiburcio Acosta Jaquez fue ejecutado a balazos cuando convalecía en el hospital General de Mazatlán. Cuatro sujetos armados irrumpieron en el nosocomio, hirieron a un guardia de seguridad y a la madre de Tiburcio, que intentó oponerse a la ejecución, también la lesionaron.
Tiburcio había sido el único sobreviviente de la balacera de Cosalá.