Culiacán, Sin.-Cual película de terror firmada por Alfred Hitchkcock, se puede decir que en Sinaloa lo que caen del cielo son cadáveres. Muertos para dar y recibir, para prestar y regalar. La violencia y la inseguridad campean entre el discurso oficial de “es asunto federal” y la presunta ingenuidad de “no sabemos quiénes son los malos”.
Tal perece que el gobierno de Quirino Ordaz Coppel se aprovecha de una sociedad la cual, aparentemente, ya no horroriza ni asombra nada. Desliza los temas, los “resbala”, se deslinda y casi llega al “no pasa nada”. Mencionar que la violencia en Sinaloa es “cíclica” es casi como apostar a que de aquí a los cuatro años que le restan a su gobierno la inseguridad se irá por arte de magia.
En el otro extremo de la mesa, Enrique Coppel diciendo “denle tiempo a Quirino”, o sea, ¿cuántos muertos más?
Más acá, en la ignominia, el flamante fiscal Juan José Ríos Estavillo casi afirmando que la existencia del “Licenciado Dámaso” es una leyenda urbana, desconociendo que el capo asentado en Eldorado y puntos circunvecinos sea factor en lo que (otros) reconocen como la lucha contra la facción que dominan los hijos del “Chapo Guzmán”.
Ni quien se anime a platicarle eso a Ríos Estavillo: él no está para esos cuentos.
Navolato y Culiacán convertidos en la zona de la muerte perenne. Caen cadáveres del cielo, cuerpos enlonados o emplayados, cosecha diaria de cuatro a diez asesinatos y en las reacciones oficiales el, “no es para tanto” tratando de provocar la calma.
Cabe la reflexión acerca de si alguien alguna vez le advirtió al gobernador que la inseguridad es el peor flagelo para el pueblo sinaloense al que hoy ¿gobierna? Que si alguien se atrevió a decirle a Quirino “¡aguas!, ponte abusado con la violencia!” y si alguien, con tantito sentido común la advirtiera del cuidado en sus declaraciones sobre el tema. Las respuestas parecen ser “no”.
Mientras, “Dámasos” y “Chapos” dándose con todo, librando una cruenta batalla que tiene a Sinaloa viviendo bajo el signo del miedo, del temor paralizante. El fiscal “desconoce” la situación, ¿por órdenes de arriba?
Redacción