Culiacán, Sin.-Los dos jóvenes detenidos por el despojo violento y agresión contra Adrián López Ortiz, director general de Noroeste, culparon a Carlos Uriel Murillo, alias el Machucón, de haber cometido los hechos sin consultarlos y bajo intimidación al portar una pistola que blandía en medio de una “loquera” obtenida por unas pingas que ingirió.
Cuando se les pregunta a Rodrigo Alberto Inzunza Ramírez, estudiante del segundo de la Facultad de Agronomía, y a Joick Joel Carrión Madrigal, por qué su amigo despojó y atacó a López Ortiz, en sus declaraciones ante el juez sueltan lo mismo: el Machucón andaba ondeado, andaba loco por unas pastillas que se tomó con una coca-cola.
Y hasta ahí. Ellos, aseguraron en su declaración preparatoria en el Juzgado Segundo del Ramo Penal, que sí vinieron a Culiacán desde El Potrero de Sataya, Navolato, pero a cobrar una deuda a un tío de Rodrigo que vive en Bugambilias. Nunca a asaltar a nadie, y nunca el Machucón les comentó en el trayecto que tenía intenciones de robarse un carro.

Las dos versiones
Para la Procuraduría General de Justicia, todo quedó en un robo con disparo de arma de fuego perpetrado por jóvenes novatos. Ladrones de ocasión, pues. Chavales sin experiencia en el ramo del hurto masivo de vehículos, ese delito que en Culiacán se llega a repetir hasta 12 veces al día. Nunca una línea que llevara al atentado premeditado como mensaje para el medio.
Pero para los jóvenes inculpados, en realidad todo fue fruto de la euforia de uno de sus amigos, acelerado por unas pingas que se tomó revueltas con una coca-cola.
En la rejilla de prácticas del juzgado, Rodrigo y Joick escuchan foja tras foja la lectura del expediente procesal 102/2014 que la secretaria del juez tiene en sus manos.
Ahí se cuenta la historia que armó el ministerio público, los partes rendidos por los policías investigadores, las periciales, los testimonios, pero que los jóvenes rechazan en su gran parte.
Por ejemplo, las declaraciones que ellos firmaron ante el ministerio público dicen que desde El Potrero de Sataya Carlos Uriel los invitó a aventarse el jale de robarse un automóvil, que todos los que esa noche del miércoles 2 de abril ocupaban una camioneta Ford Edge color gris, estaban de acuerdo en venir a la capital a realizar el robo.
Incluso, los informes de los investigadores refieren que primero fueron detenidos y luego liberados, para más tarde volverlos a detener por orden del ministerio público, cosa que nunca ocurrió, aseguran los acusados, pues desde que los aprehendieron el jueves en El Potrero nunca fueron liberados.
Un estudiante sembrador de calabazas
Rodrigo Alberto es el más claridoso de los dos. Dice tiene 21 años al momento de ofrecer su versión (ya sin ministeriales presentes, dice), que es estudiante de Agronomía, y vive en unión libre con la mujer que tuvo a una hija suya. Además, por temporadas, siembra calabazas en la parcela que su padre le ha heredado.
Lo primero que dice al declarar es que no está de acuerdo con lo que se lee en el expediente.
“Están diciendo cosas que no son, y fui obligado a firmar, me hicieron declarar a la fuerza, cambiaron la versión que yo les di, escuché cuando se pusieron de acuerdo para cambiar la versión”, comenta Rodrigo.
No quiso firmar la nueva versión, que no leyó, y pidió que lo asistiera el defensor de oficio, al que habían retirado los mandos presentes.
Asegura que fue amenazado, con atarlo a un tanque de gas, con cortarle un dedo, con un rifle que le quedó muy cerca de las costillas. Y firmó, pero no lo hizo bien, porque fue a una hora en que los funcionarios se querían ir a sus casas, en la madrugada.
Y entonces, dice contar lo que de verdad ocurrió aquella noche del miércoles, al filo de la medianoche.
Cuenta que esa noche Carlos Uriel, el Machucón, llegó en la camioneta Edge en El Potrero, y le pidió el paro para que le diera raite o en su defecto le prestara la unidad para venir a Culiacán a cobrarle un dinero que le debía un tío por los servicios que le hizo a un minisplit.
“Necesitaba ese dinero para comprarle pañales a mi niña”, relata.
Entonces se sube a la Edge él, al mando de la unidad; su compadre Benjamín Alejandro Hernández Leal de copiloto (prófugo actualmente), y Joick y Cristian, el Medio Kilo en el asiento de atrás (ambos detenidos). (Aunque no lo dice, pero el Medio Kilo, de 13 años, rindió su declaración el domingo ante un juez especializado en menores, contiguo al CIPA).
Ya marchaban del pueblo cuando Carlos Uriel les habló y les dijo que los acompañaría a Culiacán, “para no quedarse aburrido en su casa”.
Asegura Rodrigo que no sabía que Uriel portaba un arma, que en el camino se tomó una coca cola a la que le echó dos pastillas. A su tío en Bugambilias ya le había hablado para preguntarle dónde se verían para saldar la deuda.
Y así fue, continúa narrando.
“Después de que me pagó, salí de Bugambilias y me dirigí al bulevar Las Torres, y dije que iba a un mandado a la colonia Las Flores, donde yo rentaba para ir a la escuela”.
Cuenta que debido a la euforia que traía Carlos Uriel opta por tomar la ruta de las vías, por la calle Juan M. Zambada, que conecta a Las Flores.
“Yo nunca me percaté que venía otro carro con nosotros, eso es falso”, dice.
Y enfatiza lo falso porque la declaración del afectado sostiene que desde que salió del aeropuerto había un automóvil Versa que lo seguía como sombra, y que dentro del expediente nunca aparece. Nada más en el dicho del directivo de Noroeste.
Al llegar al semáforo de la M. Zambada y Pedro Infante, narra, se percató del Nissan Altima, que quedó atrás pero a su costado.
“Carlos Uriel le dijo a la bola que ese carro le gustaba, le dije que se dejara de pendejadas, y me dijo quítale el seguro, y le dije déjate de tonteras, y él manualmente le quitó el seguro, abre la puerta y cuando me di cuenta volteé hacia atrás para ver, y le estaba apuntando al señor con la pistola que sacó”, asegura Rodrigo.
Vio que le apuntaba al del Altima, Adrián López, que desesperado quiso meter reversa, y enseguida Carlos Uriel lo intimidó más con el arma.
Narra que el del Altima cedió a la amenaza, y para sacarlo del vehículo pidió ayuda a Joick, Bejamín y el Medio Kilo.
“Yo me exalté gritandoles que se dejaran de pendejadas, miraba que con el arma Uriel le apuntaba a todos, Joy se bajó y cuando me percaté de eso aceleré, dándome vuelta en U para regresarme, ya no quise ir a la colonia porque estaba asustado.”
Al retornar, se dio cuenta que Uriel gopeaba al del Altima, le daba patadas, y cuando quedó a la altura de ellos, por el carril contrario, bajó el cristal de la ventana, y le gritó a Uriel que lo dejara, que se dejara de mamadas.
Pero hizo caso omiso. “Yo miré que el señor estaba llorando, se percató que yo estaba gritando y volteó a verme, y se me quedó viendo, subí el vidrio y me fui a todo lo que daba la camioneta”. Antes escuchó el disparo.
Rodrigo asegura que se fueron con él su compadre Benjamín y el Medio Kilo. Joick se quedó con Uriel,
“Antes de llegar al Potrero le marqué al Machucón que si dónde estaba para dejarle la camioneta, y me dijo que iba rumbo a Las Aguamitas”.
–Ah, bueno, te voy a dejar afuera de tu casa la camioneta con las llaves pegadas.
–Simón.
Y entonces se fue a dormir a su casa…
“No me siento responsable de los hechos”, dice al último cuando le pregunta el defensor si cometió el atraco.
Lo de su detención, dice Rodrigo, fue llegando de la escuela en El Potrero. Lo pasearon por más de 12 horas antes de entregarlo en la base de la ministerial. Incluso comenta que lo llevaron al tiroteo entre policías y sicarios en el campo El Diez, debido a que regresaban de Navolato cuando se reportó el ataque.

Joick, la misma versión
A Joick Joel le dicen “el Joy”, y al rendir su declaración pareciera que escuchó todo lo que dijo su coacusado porque en casi todo coincide con su amigo.
También asegura no sentirse responsable de los hechos por la sencilla razón que nunca se puso de acuerdo con Carlos Uriel para cometerlos.
Pero él fue el que descendió de la Edge para ayudar al “Machuchón” a bajar al directivo de Noroeste. Al respecto, argumenta que lo hizo porque temía que en su “ondeada” Uriel le disparara. Traía cerroceaja la pistola, y temía que soltara un tiro-
“El Machucón discutió con el señor, y en eso le grita Rodrigo para que lo deje, y como que se ondeó y le dio un disparo”, cuenta.
Acto seguido, Joick se subió al Altima y tomó el voltante, pero enseguida llegó Uriel y lo envió al lado del copiloto.
“Me fui con el Machucón porque Rodrigo ya se había ido”.
Entonces Uriel aceleró y aceleró hasta llegar a Las Aguamitas, en donde la unidad se detuvo.
Por eso, sostiene Joick, él tampoco se siente responsable de los hechos porque no sabía que el Machucón atracaría a una persona, y si le ayudó fue por miedo a la pistola que cargaba su amigo, enloquecido por unas pastillas que tomó.
La versión de Adrián
En cambio, en todo el expediente no se habla del automóvil Versa que López Ortiz asegura que le hizo sombra desde que salió del aeropuerto hasta que ocurrió el asalto. Y sólo una vez cometido el robo y agresión, se marchó.
En su relatoría de los hechos, publicada en Noroeste, narra que observó a la salida del aeropuerto a unos tipos en un Versa. Incluso detalla que los del Versa conversaron con los de la Edge frente a la Coca, bulevar Las Torres, camino hacia las vías.
Y que al momento del suceso ahí estaba el Versa, todo el tiempo, y se marchó solo después del despojo violento.
Otro dato que nunca aparece en las declaraciones de los jóvenes, es que el Machucón nunca le dijo que era un asalto, sino le gritó que lo iba a levantar.
“Te va a llevar la chingada”, le soltó. Y le pidió que se subiera en la parte de atrás del Altima.
“Me estás confundiendo”, le dijo Adrián: “Llévate el carro”.
“No”, replicó: “No te estoy confundiendo, te vamos a levantar, súbete al carro, si no, te vamos a matar”.
El relato de López Ortiz, pues, no coincide en esos detalles con los acusados, por lo que el diario ha pedido claridad en el proceso, aunque para Malova el caso ya ha sido aclarado, y solo falta detener a los dos que siguen prófugos.
Un dato adicional: La ministerial envió a la PGR a David Alfonso Leyva Inzunza, presunto dueño de la camioneta Ford Edge, detenido en compañía de otros jóvenes en posesión de armas. Mientras tanto, Uriel y Benjamín continúan prófugos, el primero el hombre clave en estos sucesos que conmocionaron a la prensa.
Martín Durán