Mi Maga

Seamos realistas; pidamos lo imposible: el pan en cada boca, una tierra sin lobos, una cita con cada fuente al término del día.

Julio Cortázar

 

María Vázquez Valdez me enseñó a leer a Julio Cortázar, a quererlo y a recordarlo por siempre. Alguien que anda por ahí fue el detonante de un vínculo que se remonta a 1991 cuando ambos recorríamos los pasillos de la ENEP Acatlán para aprender esa literatura bajo presión que es el periodismo.

Por Arturo Mendoza Mociño

Ella ya era poeta desde que nació en la tierra colorada de Zacatecas, la misma que vio nacer a Ramón López Velarde. Muchos años después, leyéndola, lo confirmé.

El azar lo dispuso. Y ella me preguntó, al ver Alguien que anda por ahí entre mis manos, si ya había leído Rayuela. Así empezó la magia cronopia que María prodiga por doquier y, generosa, me vinculó con sus camaradas integrantes de una y hasta dos generaciones previas a la mía: Juan Antonio Barberá, también conocido como Chester, Jesús Hernández, Alejandro Cárdenas, Elia Baltazar, Sergio Morales Colín, Alejandro Cárdenas San Antonio y Kike Chinasky, mi bartleby preferido.

Todos tenían el mismo bicho y me uní a ellos y leíamos y veíamos cine como posesos. Caminábamos largos trechos. Escuchábamos a Def Leppard. Nos contonéabamos con Police. Éramos jóvenes e intensamente felices como ocurre hasta ahora. Los que no eran cinéfilos hasta la Antártida, eran devotos de los wirrarikas, pero todos, todas, eran cortazarian@s. Y así empezó el ascenso vital con Bestiario, Las armas secretas, Fantomas Vs. Los vampiros multinacionales, Los premios, El perseguidor, Libro de Manuel, Un tal Lucas, Nicaragua tan violentamente dulce, Los autonautas de la cosmopista, Salvo el crepúsculo…

La vi salir de un hotel, no la reconocí al reconocerla, no la comprendí al comprenderla que salía apretando el brazo de un hombre más alto que yo…
La vi salir de un hotel, no la reconocí al reconocerla, no la comprendí al comprenderla que salía apretando el brazo de un hombre más alto que yo…

Cortázar es inagotable. Contrario a lo que dice un poetastro de mi generación, nutrido por la hiel del rencor y la medianía de espíritu, Cortázar es una alfaguara, una fuente que mana y corre todavía contrario a lo que él proponía orondo a quien lo escuchara: “Hay mucha paja con ese cuate, debió haber publicado menos”. Es verdad que la necedad y la pereza a veces se alían de maneras insospechadas.

Aunque también son materia de olvido cuando me gusta tanto encontrarme con María y comentar los libros emergentes que, como botellas lanzadas al mar, siguen llegando a nuestras playas lectoras a pesar de que Julio Cortázar murió el 12 de febrero de 1984 en su amado París. ¿Será que sigue escribiendo del lado de allá? Así que siempre que podemos celebramos y nos alegramos con la aparición de Papeles inesperados, Cuaderno de Zihuatanejo y El examen. ¡Qué felicidad que sus obras completas aún están incompletas! Y nos entusiasma que las viudas y los amigos de Cortázar nos brinden más luces sobre la vida y la obra del gran cronopio. Salve Aurora Bernárdez, albacea literaria. Gracias Cristina Peri Rossi. Y seguro es que aún no se agotan las gentilezas de Ugné Karvalis ni las pesquisas de Mario Goloboff, su pulcro biógrafo.

Un día vino a México la holandesa Manja Offerhaus. Raudos fuimos a verla María, Chester Barberá y yo. Con precisas palabras y una inolvidable lección de sencillez sintetizada en una tarjeta que sólo llevaba su nombre y su teléfono, sin ningún pedigrí profesional ni adorno, fue que de pronto estuvimos con ella y con Julio en Alto El Perú, ese libro de fotografías donde ambos dialogan. Ella con imágenes, él con palabras y dudas y revelaciones. Los dos son como María.

—Te conozco —suspira Manja—, por eso te traigo de cuando en cuando mis fotos, para ver si te fijo un poco. Cada cual sus arañas, ya lo dijo no sé quién.
—Te conozco —suspira Manja—, por eso te traigo de cuando en cuando mis fotos, para ver si te fijo un poco. Cada cual sus arañas, ya lo dijo no sé quién.

“El poeta, contradicción permanente, teje el poema con las arañas pero a la vez quisiera las cosas fuera de la tela, las cosas moscas en su libre vuelo”, medita Cortázar. “Sabe que de alguna manera mata las cosas al nombrarlas (Rilke dixit) y por eso, ya que no puede no tejer la tela, multiplica las oportunidades de la distracción, mezcla las barajas del presente, cambia los sentidos, enloquece las agujas de marear, confunde entrar y salir, cara y cruz, arriba y abajo”.

María, amén de poeta, es fotógrafa y viajera. Seguido le pierdo la pista y luego me entero que anda en Petra. O en la India. Que vivió en Chile. O que acaba de regresar bronceadita de Playa Michigan. Es como el viento. Es como su poesía. Un verso sobre el Mayab, incluido en Estancias, lo prueba:

¿Cómo se mide la belleza?

¿Cuándo es demasiada?

Isla de caracoles y de pájaros,

de agua distinta a sus hermanas

Tanta luz

            multiplicación de formas y colores

quema los ojos.

Es viajera, no turista. Es poerrante. Pesca su propia comida si es necesario. Orienta amigos que buscan Estación Marte. Sana almas. Se ríe contigo cuando te pones estupendo. Honra Zacatecas en cada gesto. Y siempre se rebela ante las nuevas esclavitudes contemporáneas.

Junto con la feminista estadunidense Margaret Randall, de quien es traductora, recorrió el Cañón de Colorado y las fotos que tomó de ese periplo es una profunda meditación sobre el río del tiempo, ese que sigue fluyendo allí y en nuestro interior entre recovecos anaranjados.  Esa vinculación geológica la ha plasmado en una revista que se llama Arcilla Roja, un deleite que se puede leer en su natal Zacatecas y que en cada portada lleva una fotografía de sus innumerables viajes.

Cielo y mar, tierra y poesía.
Cielo y mar, tierra y poesía.

Durante años formó parte del equipo editorial de Alforja, una imprescindible revista de poesía, Voz otra, que dirigió con entereza Enzia Verducchi, y en el Grupo Editorial Santillana, buque insignia del colonialismo editorial español, varios libros de museos de distintos rincones del planeta son de su autoría, aunque no se encuentre su nombre por ahí. Por vileza, por “razones comerciales”.

Toco tu boca…
Toco tu boca…

La magia de Cortázar, en los primeros 50 años de Rayuela, emana de todas sus páginas y para mí su hechizo más fuerte fue haberme reunido con María para conversar con ella. Sobre Rayuela. Sobre Morelli. Sobre el pingüino turquesa de Libro de Manuel. Sobre las taras de los famas y las sencillas alegrías de los cronopios. Lejos de los reflectores seguimos en un octaedro.

Por eso no tengo que buscarla como Horacio Oliveira porque ya la encontré. Porque en cada capítulo de nuestra rayuela personal se aparece. Ahí está. Siempre.

http://cibermaga.blogspot.mx/

2 thoughts on “Mi Maga”

  1. Una gran sorpresa encontrar a los amigos de aquellas épocas reunidos en el plano virtual. ¡Gracias R2D2! El pueblo de Margaritas y sus amplias distancias te saludarán por siempre. A mi hermano Chinasky: “…oh, ¿ a dónde os disponeis ahora partir…?”. – …lo que sea, pero que sea pechuga… “…Shaaaa, tranquilos…estamos en el D,F…”

  2. Reconozco que cortazar como otros escritores fueron un fanal en mi ciego caminar en busca del conocimiento….pero mas enseñanza me dejaron las y los mencionadas por mociño…esas materias no se aprenden en la escuela…fuerte abrazo y saludos… a los saludables

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