De héroes y villanos
La figura de los dos generales contrasta. Uno es más bien ameno, diplomático y en busca de un carisma que se refleja en el trato con las personas, con un acento que uno adivina que es del centro del país, y el otro es férreo, con aires de prepotencia, marcial, que da órdenes con el duro látigo castrense.
Tal vez esa fórmula llevó al desencuentro entre ambos generales, en un momento en que la guerra entre los grupos criminales abren viejos frentes de batalla en la zona norte, con brotes de una narcoviolencia asfixiante.
Marco Antonio Covarrubias Aguilar, general de Brigada con experiencia “académica” en la Escuela de las Américas de Panamá, en sus años iniciáticos como oficial del Ejército Mexicano hizo el curso de operaciones en la selva, especializado en contrainsurgencia.
Altivo, nunca se le cuadró debidamente al general de División, Moisés Melo García, quien está rompiendo récord en Sinaloa, ya que pasó de comandante de la Novena Zona Militar a comandante de la Tercera Región con sede en Mazatlán, de diciembre del 2010 a la fecha: rumbo a su tercer año en el estado.
Pero hay motivos para creer que Melo podrá permanecer más tiempo al frente de la Región Militar, de alguna manera clave para las operaciones del narcotráfico en el Triángulo Dorado, las montañas que más producen enervantes en el país.
Pues sí, el general Melo es familiar político del secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, el general elegido por Enrique Peña Nieto para llevar en sus manos los detenidos de la Sedena, tan golpeada en el sexenio calderonista.
Ahora, en el lugar de Covarrubias, llegó el general Miguel Hurtado, de hablar apacible y perfil más bien bajo. Y fue recibido por toda una zona de guerra en Mocorito, al enfrentarse elementos del Ejército a grupos armados que controlan la zona del Évora. Pero ya el general Pedro Felipe Gurrola podrá ocultar información, pues nada claro se ha sabido de los ataques contra la milicia, salvo que pudiera tratarse de células comandada por “el Cholo”.
Un añejo y largo conflicto
Conocía a Marco Antonio Medrano Palazuelos en julio del 2010, a unos días antes de la elección del Suntuas Administrativo, que si mi memoria no me falla se realizó el 13 de ese mes.
A petición suya le hice una entrevista. Más aburrido que interesado cumplí con mi trabajo como reportero para el semanario Ríodoce, y la nota donde Medrano denunciaba a Héctor Melesio Cuen Ojeda y a Víctor Corrales Burgueño de estar metidos en la elección del sindicato, salió publicada antes de las votaciones.
Más tarde supe que ganó con apenas poco más de cien votos de diferencia. No me molesté entonces siquiera en cubrir la jornada, y traté de regresar a mis asuntos de seguridad.
A principios de septiembre, una llamada entró a la oficina del semanario. Era Medrano, que pedía una nueva entrevista, esta vez para denunciar la negativa del rector a reconocerlo como líder ganador, y el rechazo del entonces secretario general del Suntuas, Javier Nicolás Félix Rivas, de correr el trámite ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje para la ‘toma de nota’.
Me costó trabajo entender qué era la ‘toma de nota’. Me costó trabajo, también, comprender con qué facilidad en la UAS te mandaban al diablo si no estabas de acuerdo con lo dictado desde la Administración Central.
Pero diligentemente acudí a hacerle una visita a Alfonso Carlos Ontiveros Salas, entonces Jurídico de la Universidad, y al doctor Félix Rivas. Al final no saqué nada en claro. Las cosas se enredaban porque cada una de las partes defendía su posición, pero en realidad el único que mostraba documentos soportables era Medrano.
Más tarde comenzaron las marchas para reclamar reconocimiento. Surgieron –lo recuerdo- los medranistas, que llegaron a quemar las efigies de Cuen y Corrales en la plaza pública del Edificio Central.
Y fue así como poco a poco comencé a entrar en la vorágine de una pelea que a veces fue tensa, con porros incluidos que algunas veces me encararon, pero que nunca se atrevieron a golpearme. Al principio, como periodista, no quería involucrarme en el conflicto, pero las olas arrastran a un joven, y al final de cuentas tomé la decisión de exhibir cómo en la UAS se pasan por encima de estatutos y derechos para establecer.
Luego vinieron los juicios de amparo, la marginación para el movimiento medranista, las promesas que en un principio no cumplió el gobierno de Malova, el triunfo robado de manera tan burda, que casi se me antojaba la cruel imitación de la escena de La Ley de Herodes, cuando el alcalde cambia la Constitución a su antojo: no hay ley que valga más que la que dicta la voluntad del que ostenta el poder.
Y así se fueron casi tres años.
De Medrano supe hasta de aquel juicio histórico que le ganó a la UAS, que tuvo que pagarle más de medio millón de pesos. Ontiveros me recomendó:
“Por qué no saca el juicio donde Medrano le quitó a la UAS; los medios deberían decir todo”.
-Y porqué no me da el expediente y lo publico –le dije.
Pero desde luego, Ontiveros no accedió, y me envió a la JLCA a buscarlo… En cambio, Medrano me lo ofreció.
El caso es que la Junta Local, al reconocerle ahora sus derechos como dirigente sindical, se cae la infamia que por años ha cometido el Poder Central en la Universidad. Y no sólo eso: queda exhibida la podredumbre en la que nadan los altos funcionarios, y no hace sino confirmar lo que muchos sabemos, pero que la mayoría de los universitarios prefieren hacerle como la avestruz, agacharse antes que la legítima defensa de los derechos.
Hoy está programada una megamarcha en la UAS desde cuatro flancos: C.U, Facultad de Medicina, Lomita y Edificio Central… Habrá borrego fresco para desayunar.
Martín Durán
no te acabes gobieno del estado,, puros rateros, la reverza fue EL CAMBIO. pillos
ME DA MUCHO GUSTO QUE MARTIN DURAN HAGA UN RECORDATORIO DE LO QUE MEDRANO HA SUFRIDO PORQUE LE RECONOCIERAN SU TRIUNFO. FELICIDADES MARTIN A TI Y OTROS PERIODISTAS QUE VALIENTEMENTE DICEN LA VERDAD