Ser taxista en Culiacán es enfrentarse, al igual que en otros oficios, a las calles-serpientes de la ciudad: pirataje, narcomenudeo, comercio sexual, halconeo y más, sortear con la noche, el día y el tráfico. Estos son, pues, los avatares de un taxista.
Uno
“Iván” es un taxista que trabaja de noche. Ha combatido no sólo contra otros taxistas y maleantes para sobrevivir en el negocio, también con otra clase de choferes que parecen ser un cáncer en todo el estado: los taxis piratas, que más que representar competencia, dice, son un peligro para la ciudadanía y los usuarios del servicio.
Sale de Francisco Villa y Álvaro Obregón y enfila hacia el norte de la ciudad hacia los fraccionamientos más alejados y escondidos de la ciudad, donde viven la mayoría de sus clientes. Él decidió dedicarse al oficio de manera legal, con papeles en regla, permiso del estado, licencia y trabajando para una compañía, como hacen muchos, pero no siempre le va del todo bien.
“Aquí hay raza de todas partes y de todas clases. Yo ando con todo en regla, pero hay quienes no tienen para pagar un permiso, o no quieren pagarlo, y se van mejor por el ‘pirataje’. Y a lo mejor no todos son malos, pero sí hay muchos que se aprovechan de eso para asaltar a los clientes. Incluso hay quienes venden droga en los carros y eso nos afecta bien cabrón a todos. No no más a los taxistas, a los clientes también, porque causa desconfianza e inseguridad entre la gente”.
En el trayecto varias personas le hacen la parada, pero es contra las reglas del servicio subir a un pasajero cuando se lleva a otro en el taxi, por lo que pasa de largo.
“Este que acabamos de pasar a lo mejor se sube a un carro ‘pirata’, ojalá que no. Pero la gente así es aquí, abusona. Se aprovechan muchas veces de que las compañías cobran muy caro y levantan a los clientes para asaltarlos. No siempre es así, pero es algo que pasa en Culiacán, los mismos clientes me lo han dicho”.
Mientras las calles se suceden una tras otra conforme avanza en su viaje, “Iván” asegura que los clientes dejan de confiar en la mayoría de los taxistas a causa de los piratas. Pero, reconoce, la culpa es un poco de todos, del estado y de las compañías de taxis, porque el servicio es caro.
“Un viaje de estos, por la hora, te sale de 80 a 100 pesos, cuando en otras ciudades, según dicen los mismos clientes, te cobran hasta 50 pesos. Pero aquí uno por cincuenta pesos en una distancia así no te sale ni para la gasolina. Es cierto lo que dice la gente, pero nadie ve el lado de los taxistas tampoco. Las rentas son caras y no queda mucha ganancia cuando tienes que pagar gasolina también”.
En el bulevar Enrique Cabrera hay un retén. Cuando los agentes ven que se trata de un vehículo del servicio público lo dejan pasar con una señal. Pero no siempre es el vehículo en el que se fijan, sino en los pasajeros, que es cuando “Iván” se ha visto en aprietos.
Una vez, dice, iba con él un “puntero”, a quien los agentes ubicaron en el taxi y casi despojan al chofer de su medio de trabajo. Pero no fue así, se llevaron únicamente al maleante y a “Iván” lo dejaron ir con una advertencia. “Si te volvemos a agarrar con un cabrón de estos, vas al bote”.
Dos
El narcotráfico es otro de los problemas que acarrean los choferes que trabajan en la ilegalidad, según el taxista, pues muchos hacen de “puchadores” y se llevan en el negocio también a los conductores legales.
Hubo una vez, dice “Iván”, que agentes de la Policía Ministerial del Estado se llevaron a uno de sus compañeros de la compañía a para interrogarlo sólo por conocer a otro chofer que habían capturado con droga.
“Está bien si se quieren dedicar a eso, pero que no se valgan de los taxis para hacer eso. A mi compa se lo llevaron y él no tenía nada que ver, el bato tiene familia, tiene hijos, por eso anda de taxista. Yo conozco a su familia y no se ve que sean gente ‘chueca’, todos trabajan bien. No es justo que por un cabrón que anda mal paguemos también nosotros”.
A otro de sus compañeros lo mataron porque lo confundieron con un narcotraficante que se valía de los taxis piratas para vender droga. Conducía un Sentra modelo 2000, con el número de permiso 2298, con sitio en el hotel El Mayo, el cual, al parecer, era usado también por el ‘pirata’.
A él se le atravesaron en Las Coloradas y lo “levantaron” por un negocio que salió mal. Su cuerpo fue encontrado en las afueras de la ciudad, hacia el sur, con las manos amarradas y un tiro en la cabeza.
“Este bato tenía años en el negocio, y nunca se supo que anduviera en esos negocios. Era serio y no hablaba mucho con los otros taxistas, pero en la radio siempre se reportaba que andaba en servicio, andaba tranquilo. Y cuando le tocaba ir a una zona peligrosa, avisaba a los compañeros para que supieran que estaba bien, y siempre estaba pidiendo clave para saber dónde andábamos los demás. Era serio, pero se preocupaba, se le notaba que no era gente que anduviera mal”.
Hubo un tiempo en 2011 en el que mataron a varios choferes, pero muchos de estos, explica “Iván”, trabajaban bien. Tenían base o sitio, y es raro que a alguno se le conocieran esta clase de negocios.
“Sí los hay, pero son los menos. Y nos llegamos a enterar dos o tres choferes nada más, nadie dice nada en la compañía porque nos metemos en broncas luego. Pero la mayoría de la gente es tranquila, a pesar de lo que muchos piensan de nosotros por culpa de los taxistas ‘piratas’”.
Tres
Otra vertiente del negocio es el comercio sexual. Y de esto no sólo viven los “piratas”, también los taxistas legales, pues es un negocio que deja buenos beneficios. Hasta 5 mil pesos por noche en una buena noche, según “Iván”.
Él, subraya, nunca se ha dedicado a eso, pero hay quienes entre sus clientes tienen únicamente a quienes solicitan servicios de prostitución; incluso hay quienes, en lugar de una tarjeta de su base, tienen una tarjeta de presentación personal que ofrecen servicios automotrices, pero en realidad se trata de servicios sexuales.
Ahora va de la Canaco hacia Barrancos, a recoger a una joven que pidió el servicio para ir a su lugar de trabajo. La joven llama a “Iván” a su número de celular siempre, pues confía en él más que en otros taxistas precisamente por el problema de los taxis “piratas”.
“Hay gente así, desconfiada. Pero se entiende, porque el negocio de los taxis aquí está cada vez más contaminado. Cada vez hay más taxis ‘chuecos’, y con esto de las ‘prostis’ también se presta para que los choferes hagan su agosto”.
La radio del carro suena y uno de los taxistas habla en clave, preguntando precisamente a alguno de sus compañeros si alguno de ellos sabe de alguien que ofrezca servicios de prostitución. Rápidamente uno responde y se reporta en uno de los moteles de la zona norte de Culiacán.
“El bato se anda ganando unos pesos, la verdad. Y él alomejor nada más conoce a una muchacha, pero hay quienes conocen a varias, y hasta ellos mismos las regentean, sacan buena feria. Pero hay que tener cuidado, ya ve que con las viejas nunca se sabe, por aquello de que puedan ser ‘mulas’ de los narcos”.
El comercio sexual es de los favoritos de los piratas, según “Iván”. Incluso las mujeres prefieren solicitar los servicios de los taxistas ilegales, y hasta se conocen entre ellos.
“Pero así es esto, compa. Uno le tiene que buscar por dónde brinca la liebre para salir adelante. Y si los ‘piratas’ andan buscando a quien le tumban algo, pues no nos queda más que ponernos abusados.
Recorre buena parte de la ciudad en un lapso de 20 minutos. Otra de las cosas por las que sus clientes lo buscan es porque llega sin retrasos, su taxi está limpio y no trata mal a los clientes.
Cuando llega a Barrancos por la joven esta aún no está lista para salir de casa. Recibe otra llamada de otro cliente en Capistrano. Llama a la joven para preguntarle si no hay inconveniente en que le envíe a otro chofer, uno de su confianza, y esta le dice que no.
“Iván” prefiere dedicarse al servicio legal precisamente en memoria de sus compañeros que han sido víctimas del crimen, y para que la gente recupere un poco de la confianza ya perdida en los taxistas.
“Es cierto que los servicios son caros, pero somos más los que andamos bien que los ‘piratas’. Tenemos que poder más los que andamos trabajando bien, y la gente tiene que ver que lo caro es por un mejor servicio, por seguridad y por su propio bienestar. Ojalá la cosa no estuviera tan jodida”.