Las últimas cartas de Pablo Escobar

Las últimas cartas de Pablo Escobar

Bogotá.- Pablo Escobar Gaviria deslizó en 43 líneas la personalidad de El Patrón, el capo que dominó en Colombia con poder de vida y muerte. En dos misivas con su firma y huella dactilar, amenazó a uno de sus principales perseguidores y, paradójicamente, le pidió ayuda en otra para proteger a su familia, a la que consideraba “intocable”.

Cartas escritas hace más de 20 años que reviven una época y un nombre para muchos enterrados; muestra de la intimidación que lanzó el narcotraficante más poderoso del mundo contra Luis Enrique Montenegro, entonces coronel y director de la Policía Judicial (DIJIN).

Del jefe máximo del cártel de Medellín se han escrito decenas de historias y se produjo la serie de televisión El Patrón del Mal, mezcla de relatos ficticios y reales. Dominical MILENIO publica las misivas originales y su contenido íntegro, testimonios guardados por el ahora general en retiro, considerado héroe en la lucha contra la narcoviolencia que en los ochenta y noventa azotó Colombia.

A Escobar Gaviria no le alcanzaron la fortuna, el terror ni los cientos de sicarios a su servicio para mantener a salvo a su familia, que se convirtió en su punto más vulnerable y lo hizo “bajar la guardia”, hasta ser abatido el dos de diciembre de 1993 por un bloque especial de búsqueda.

La experiencia de esos años hace de Montenegro un sobreviviente que enfrentó el odio de uno de los hombres más peligrosos y buscados. Entre sus méritos destaca también haber impedido una serie de “bombazos” que planeaba el capo si su familia hubiera hallado asilo en Alemania.

Hoy es un asesor internacional en la lucha contra el narcotráfico que está a favor del debate, pero no comparte la tendencia de legalizar las drogas. Considera que es un agravio para las miles de víctimas que ha dejado esta lucha en Colombia y en México.

Está convencido de que Joaquín El Chapo Guzmán, considerado el principal capo del narcotráfico a escala internacional, puede ser capturado o abatido, y la historia de Escobar es un ejemplo, pero advierte que los embates contra el crimen organizado en México deben continuar con la misma intensidad que en el gobierno de Felipe Calderón, sin importar el matiz de la estrategia.

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Han pasado más de dos décadas desde que Escobar fue “dado de baja”. El general Montenegro accede a una entrevista a la que llega puntual. Se le ve tranquilo, viste impecable, traje gris, y bajo el brazo lleva una carpeta con las cartas que desde entonces guarda bajo llave y que por primera vez exhibe públicamente.

Dos sobres manila, tres hojas de papel. Suficientes para que en los meses de mayo y agosto de 1992, el narcotraficante vulnerara la seguridad del búnker en el que estaba convertido el edificio de la DIJIN, en Bogotá, y amenazara a su perseguidor en las propias oficinas de la policía. En los mensajes advirtió que tenía informes de que los cuerpos de seguridad del Estado preparaban el secuestro de su hijo Juan Pablo, de 15 años de edad, y el de su anciano padre Abel de Jesús Escobar, además de otros actos represivos contra su familia.

El Patrón estaba preso, luego de entregarse en junio de 1991 en un hecho que él calificó como “acto de paz”. Este Pablo no era apóstol, pero tenía su “Catedral”, como se le conocía a la “cárcel de máxima seguridad” en la que estaba encerrado y que en realidad compró para garantizar su seguridad y poderío durante el encierro.

“Envigado, 4 de mayo de 1992”, se lee en la primera de las cartas, escrita a máquina, que Escobar envió a Montenegro:

“Tengo conocimiento de que elementos delincuentes pertenecientes a la DIJIN se encuentran en esta ciudad preparando el secuestro de mi hijo JUAN PABLO ESCOBAR (…) Mi hijo es un niño inocente que acaba de cumplir 15 años. Le agradecería que procediera para evitar que se consume este hecho”.

El capo remitió copia al entonces presidente César Gaviria, al ministro de Defensa, al comandante de las fuerzas militares, al procurador general, al director del DAS, al director general de la Policía Nacional, al padre Rafael García Herreros y a sus abogados.

Desde la clandestinidad (dos meses después de su fuga de “La Catedral”, en julio de 1992), Escobar escribe de puño y letra la segunda carta al jefe de la DIJIN, fechada el 14 de agosto.

Este mensaje fue difundido de manera parcial por Montenegro en aquella época, pero jamás había mostrado el texto. Se reproduce a continuación respetando la puntuación y ortografía originales:

Señor Coronel:

Me han informado que por orden suya se están haciendo seguimientos a dos muchachas (novias) que tienen relación con nosotros.

Estas personas no le suministrarán ninguna información ya que nosotros no vamos a ser tan tontos como para reunirnos con ellas.

También le comento que el mayor Riaños anda con la idea de secuestrar a mi anciano padre.

Mi padre tampoco podrá suministrarles ninguna información.

Las personas que acompañan a mi padre son campesinos que no saben absolutamente nada de mi ubicación.

Mi Padre anda tranquilo porque está anciano y enfermo y porque no le debe nada a nadie, además, como campesino que es, no abandona su pueblo ni sus vacas.

Yo no he tenido con usted problemas de ninguna naturaleza.

Si se presentan desapariciones de mis seres queridos, no tendré contemplaciones con las familiares de quienes sean responsables de estos hechos.

Yo no actuaré sin pruebas, pero recuerde que también tengo amigos en la DIJIN.

Acepto los allanamientos, acepto las declaraciones de prensa y acepto que usted tiene que cumplir con sus deberes, pero mi familia y mis seres queridos son intocables.

Firma y huella en tinta azul sobre dos hojas de libreta rubrican la autoría de la misiva.

Inevitable. Las amenazas trastocaron la vida de Montenegro y lo obligaron a sacar de Colombia a su familia; él se quedó para seguir a la caza de El Patrón….

“Cuando declaré en los medios que iba a perseguir a Pablo Escobar por cielo y tierra, y que implicaba hacer seguimientos a la familia, él me manda a la DIJIN dos cartas”.

La lucha alcanzó así a la familia del entonces coronel. “Eso implicó para mí un intento de secuestro de mi hija menor en el colegio, en San José de Bogotá. Cuando la directora del colegio supo que la iban a secuestrar, tenía un túnel en una habitación y la metió ahí, llegamos y rescatamos a nuestra hija, me tocó sacar a mi familia del país, todo fue bastante grave”.

De ahí en adelante no era posible fallar, y las labores de inteligencia permitieron establecer que la familia a la que Escobar pretendió proteger era su flanco vulnerable.

“Pablo Escobar ya estaba todo nervioso y aquí quiero comentarle a los mexicanos, para que les sirva de experiencia, que él buscaba que la familia de él: la esposa Victoria, Juan Pablo y la niña Manuelita, salieran del país.

“Él intentó sacar a la familia a Estados Unidos, que dijo no. Alemania le dijo sí, entonces en un avión de Lufthansa se fueron para aquel país. Recuerdo que al agregado de la Policía Federal de Alemania le pedí de favor que evitara que se asilaran, porque cogimos (interceptaron) una grabación en la cual Pablo Escobar decía a sus compinches que iba a hacer “pum pum pum” en Cali, Bogotá, Medellín, Barranquilla; iba a colocar bombas una vez que su familia se asilara en Alemania”, relata.

Cuando el presidente Gaviria fue informado de la situación, se ordenó que la familia de Escobar regresara a Colombia: se cayó el asilo. “El agregado de la Policía Federal en Alemania me ayudó. Cuando llegó la familia hablé con el muchacho, y le dije: “a usted lo van a matar los enemigos de su papá, le ofrezco seguridad en Residencias Tequendama”, en el centro de Bogotá. Juan Pablo aceptó.

Pero el joven que se entrevistó con Montenegro “estaba enfurecido contra el país, contra el gobierno, porque le ha tocado que lo devolvieran y decía: ‘quiero hablar con mi papá, mi papá va a colocar bombas’”.

La estrategia para atrapar a su padre consistió en darle un teléfono para que se comunicara con él. El aparato estaba intervenido.

Eran los minutos finales del capo. “Juan Pablo llamó al papá desesperadamente, el papá sabe que de pronto, a los tres minutos, hay radiometría, entonces lo pueden capturar en Medellín; el muchacho insiste, vuelve y lo llama, y al llamarlo la tercera vez el avión de la DEA hace radiolocalización y pudimos establecer dónde estaba Pablo Escobar”.

Para ese momento, de los 450 escoltas que tenía Escobar solo le queda Limón, el hombre que estuvo con él hasta el final. “El bloque de búsqueda con la inteligencia de la DIJIN lo ubica y ‘lo da de baja’ el dos de diciembre de 1993”.

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Al general Montenegro se le pregunta si un capo, por más poderoso que sea, siempre puede ser capturado. Responde:

“Ahora que están transmitiendo la novela El Patrón del mal, que aquí al principio se consideró una apología del delito y al finalizar vemos que se denuncia todo lo que hizo este hombre, es una lección aprendida. El mensaje es: el crimen no paga. Quien lideró la lucha fue la Policía Nacional de Colombia, la que ‘dio de baja’ al delincuente.

“Otra consecuencia: no hay lugar en el mundo donde se puedan esconder los delincuentes con sus finanzas ilícitas, porque allá tarde o temprano llega la autoridad. Otra que es importante es la cooperación internacional, como la presión que han hecho México y Colombia, que hace que los delincuentes se vayan para Centroamérica, hay una escalada de capturas de delincuentes.

“Otra lección: la vida útil de un delincuente. Pablo Escobar duró 12, 15 años, dando dolor en Colombia; ahora un delincuente escasamente tiene cinco años de vida útil y se captura”.

¿Cómo lograr atrapar a un hombre como Joaquín Guzmán Loera? La respuesta del general no deja lugar a dudas:

“Lo importante para lograr su captura es dar continuidad en la política de la represión en el sentido de que hay que detenerlo con inteligencia —como la hicimos con Pablo Escobar—, porque es un cabecilla duro que tiene alianzas con Colombia. Una política de Estado para continuar con el mismo trabajo del sexenio anterior, trabajo de inteligencia y golpear cuando hay oportunidad”.

Se le inquiere también sobre la estrategia a seguir y enfatiza la importancia de atacar las fuentes financieras de los cárteles.

“Si queremos acabar con un cártel hay que golpear las finanzas ilícitas, el lavado de dinero; si no se logra eso, los tipos en las cárceles, como con Pablo Escobar, aun cuando se entregó, cuando estaba en “La Catedral”, con plata, dólares, manejó no digo que el país, pero manejó la cárcel a su antojo. Esta es la parte importante de golpear las finanzas”.

Sobre la posible legalización de las drogas, no tiene ninguna duda en decir que no.

“Es una ofensa para las víctimas, eso quiere decir que la labor que hemos hecho los policías desde hace años no ha servido para nada, es saco roto, es una ofensa para los organismos de seguridad del Estado; pero de que hay que buscar tendencias nuevas, bueno, todo está en el debate, pero a mí me duele que de pronto Colombia o México vayan a liberar o promuevan la legalización de las drogas, sería garrafal para mí como policía”.

Advierte que legalizar la marihuana, como ha ocurrido en algunas partes de Estados Unidos, traerá un efecto colateral: el incremento del tráfico de la droga desde Colombia, para cubrir la demanda.

Por último, al preguntarle cómo ve la nueva estrategia del gobierno mexicano contra el crimen organizado, señala:

“En este momento colocar a la SSP bajo el mando de la Secretaría de Gobernación para mí es un error. La tendencia es que las policías del mundo deben controlar al crimen organizado, no la fuerza militar; entiendo que la idea es que esa SSP se subordine a un ministerio que tiene que dedicarle mucho tiempo a coordinar toda la actividad política del Presidente, todo el trabajo del Ejecutivo, y si a eso se le agrega esta situación de seguridad pública, a qué horas el señor ministro de Gobernación se va a dedicar a esta parte. Yo pienso, entonces, que ahí hay un error”.

Montenegro asegura que se debe continuar con el combate al crimen organizado. “Yo veía en el sexenio anterior ‘captura de cabecilla tal, incautación de droga’; ahora ya no se ve, entonces ¿qué está pasando?, ¿acaso el crimen está quieto? Claro que no, el crimen está involucionando, puede que se vaya para Centroamérica, pero yo pienso que hay que mirar esa parte, reflexionar.

Tiene claro que en las guerras que ha librado “la enseñanza es que los gobiernos de México y Colombia y sus ciudadanos no debemos permitir nunca más que se vuelva a presentar una situación dolorosa como la de Pablo Escobar”.

La charla concluye. En este país todavía se habla de Escobar, quien “revivió” cada noche en 2012, en el horario estelar de la televisión colombiana, a través de la serie producida por Canal Caracol.

Cuando en Bogotá uno pregunta a la gente sobre el narcotraficante, saltan expresiones como “ese hijo de puta está en el infierno”. Pero sucede lo contrario en Medellín, donde hasta santo lo quieren hacer, porque, dicen, “hace milagros”.

Ignacio Alzaga/Milenio

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