Las elecciones y el narco en Sinaloa

De héroes y villanos

Cada vez que se acercan elecciones, sobre todo si son locales, el tufo a narcotráfico invade la escena política y por más que se quiera, por más que se ignore, la bestia está ahí, señalando el estigma que ha cargado el estado durante décadas por la sencilla razón que Sinaloa es la cuna del narco en México. O al menos esta conclusión es aceptada por muchos analistas y periodistas.

Sobre todo en la zona rural, el narco se infiltra en los procesos electorales, no sólo con dinero sino con la movilización de la gente; se rentan camiones, se pide el apoyo para tal o cual candidato y, sobre todo, actúa como un benefactor de las clases más necesitadas.

Y es así porque en las regiones controladas emitentemente por los capos, su palabra y ley son las que mandan; no los políticos. Como tema tabú en la prensa y –desde luego- en boca de los servidores públicos, el narco pocas veces es tocado durante los procesos electorales, y desde luego no hay quien investigue las ligas entre fulano y zutano por las dificultades que hay para comprobar este tipo de nexos.

Por eso no es raro que en la próxima elección se quiera mediatizar, sobre todo de parte de los contrarios, a personajes como Sergio Torres Félix, candidato a la alcaldía de Culiacán, por su presunto parentesco con los Torres, familia de donde proviene Javier y su ya fallecido hermano Manuel Torres.

Sin embargo, no ha habido nadie que haya documentado esta supuesta familiaridad, y a Sergio tampoco se le ha visto en su carrera como un hombre encumbrado por el dinero del crimen organizado.

Otro caso que estará en la mira es el de Óscar Félix Ochoa, ex subsecretario de Agruicultura, ahí por el parentesco comprobado –y aceptado ampliamente- con Javier Torres Félix, a la sazón su cuñado.

Desde que llegó de diputado en la anterior legislatura, Félix Ochoa –un político más de bien de bajo perfil y sin brillo- ha estado en el blanco de las críticas por ser cuñado del JT… Más adelante detendrían a dos de sus hermanos en posesión de buena cantidad de droga y por último (por si fuera el colmo), su casa de campaña para la diputación del 2007 se convirtió en casa de seguridad del comando de Los Charritos, brazo armado de los Beltrán Leyva en la guerra del 2008.

Con una figura muy golpeada llegó al “gobierno del cambio”, y ahí muy de bajo perfil mantuvo en una subsecretaria en donde no necesitó mostrar la cara.

Pero no son los únicos casos, pero sí los que más tinta y tiempo aire han gastado los medios para señalar con un dedo “justiciero” de cómo el narco se infiltra en la política.

Ahí estuvo el caso de Jesús Vizcarra, “tronado” por Mario López Valdez en la campaña del 2010 cuando no pudo contestar si era o no compadre de Ismael “el Mayo” Zambada…

Y no se olvide a Enrique Mendívil, mejor conocido como “el Gallo” Mendívil, regidor de Culiacán en el periodo de Aarón Irízar López, y casi regidor con Héctor Melesio Cuen Ojeda en el 2010, sino fuera porque alguien le adelantó el viaje.

Ha habido otros personajes señalados en su momento, como aquellos a los que Ramón Flores Acosta, “El Zurdo” (qepd) espetó en Eldorado, cuna de varios fantasmas de la mafia sinaloense.

Pero en esta ocasión hay que tener especial interés en este tema –si se quiere llegar hasta viejo, mejor olvídelo- en municipios como Angostura, Mocorito y Cosalá, que por su zona de confluencia los dineros fluyen sin cesar y hasta a veces uno se llega a preguntar cuánto vale una diputación o una alcaldía como para dilapidar el dinero así.

Sea lo que sea, y en el municipio en el que estemos, el narco ya comenzó a operar, pero ante la ligereza de esta declaración es necesario recurrir a la documentación para acertar a decir que no todo es un mito, como no son mitos las buenas temporadas de cosecha en la sierra que se vivieron en los últimos meses, que hasta la mariguana se abarató

No me ayudes, compadre

El Partido Revolucionario Institucional llevó a cabo ayer la designación de sus candidatos a diputados, en donde en los cuatro distritos de Culiacán los aspirantes apuntados fueron bajados intempestivamente por el dedo divino.

De modo que los elegidos son: por el distrito 12 fue el regidor con licencia Óscar Valdez; José Manuel Osuna Lizárraga por el 13, por el 14 Óscar Félix Ochoa y por el 24 Gómez Monárrez Lara.

Guardan los cuatro un negro historial al menos en la cuestión pública. De Óscar Valdez y Osuna Lizárraga puede decirse que, por lo bajito, ayudaron en la perpetración de uno de los despojos más escandalosos que se tenga conocimiento en el Ayuntamiento de Culiacán; sí, las permutas.

Óscar Valdez fue miembro de la comisión que aprobó el dictamen para permutar cinco predios de la Comuna de alto valor por otros tres de menor valía. Y Osuna Lizárraga fue el “síndico permutador” que avaló este robo en despoblado.

De Gómer mejor ni hablamos, que nunca se comprobó que fuera el diputado lenon que acusó la panista Yudit del Rincón. Y Félix Ochoa… pues con su cuñado nunca ha tenido relación.

Aunque no decimos que sean delincuentes, sí por lo menos tienen un negro expediente público. Este es el nuevo PRI, claro.

El ADN de la tranza

Dice, asegura, el diputado local Felipe Manzanares Rodríguez que descubrió su ADN panista, y por eso dejó Movimiento Ciudadano y se integró a las filas de Acción Nacional, mediante la bendición de Edgardo Burgos Marentes… ¿Cuánto cuesta el voto de Manzanares para que el PAN lo arrope sin chistar? ¿Cuánto la regiduría que obtendrá en el Ayuntamiento?

¿Un soldado del PAN? Un voto al mejor postor, dirá.

 Martín Durán

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