En el último minuto, cuando todo parecía que el Congreso del Estado iba aprobar versión fast track la reforma reeleccionista a la Ley Orgánica de la UAS, aquel miércoles 27 de marzo pasado, el futuro del próximo rector fue echado como en un juego de dados que ahora rebotan sin cesar.
En esa última sesión ordinaria del Poder Legislativo terminó las ansias de un poder ilimitado dentro de la Casa Rosalina. Héctor Melesio Cuen Ojena creía que había amarrado todo al ofrecerle un apoyo seguro desde el Partido Sinaloense y sus lacayos universitarios al entonces todopoderoso diputado Cenovio Ruiz Zazueta, y a Luis Cárdenas Fonseca, a la sazón presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales y Gobernación, por la cual pasó el dictamen firmado de la iniciativa procuenista.
Desde entonces, hace poco más de un mes, los escenarios políticos en la UAS han ido cambiando casi a diario y ha llegado a uno de sus puntos más álgidos en el encontronazo que tuvo el rector –en lo formal, insisto- con el gobernador Mario López Valdez, en el sentido de la negativa a firmar el convenio para el financiamiento público de la Universidad.
Pifia tras pifia, las autoridades de la casa rosalina han entrado en el vértigo cotidiano de una sucesión sin rumbo fijo, sin lealtades firmes, en un ambiente que Cuen y Corrales han logrado enturbiar gracias a los apetitos de más recursos públicos, sin que todavía resuelvan cosas como la devolución de millones de pesos a los jubilados del fideicomiso ilegal.
Es cierto que históricamente la Universidad siempre ha pugnado por un mejor y completo financiamiento, pero también es cierto que al interior de ella la falta de transparencia ha llevado a fundar un hoyo negro insondable, que nadie hasta ahora ha podido abrir, amparados por un lado en la presunta autonomía de la institución, así como en supuestas auditorías que le hacen cada año a la máxima casa de estudios; auditorías que nunca se conocen públicamente y si acaso llegamos a saber algo de ellas es por boca de las mismas autoridades.
Pero no es la ausencia de transparencia en el manejo de los recursos públicos lo que ha llevado a Malova a cerrar de manera temporal la llave a la UAS, sino el botín político que representa: un rebaño multitudinario, una masa acrítica, con mucha capacidad académica, pero con nula conciencia para reclamar justicia. No todos, pero sí la mayoría
Es por eso que hoy más que nunca, cuando el horizonte se mira borrascoso, es cuando los universitarios deben alzar la voz para reconquistar las libertades abolidas por Cuen Ojeda.
De las opciones para rector que se han mencionado, Juan Eulogio Guerra, Ignacio Velázquez Dimas y Ambrocio Mojardín, son los dos primeros las cartas de la sucesión cuenista, pero también es cierto que Cuen se las gasta de una manera que poco le importa violar leyes y reglamentos con tal de imponer su voluntad.
Es hora, pues, de que esa masa acrítica demuestre lo contrario, pero ahora más que nunca no se advierte que el maximato vaya a ser vencido y desterrado de los recintos universitarios.
Pero venga, pues, el ánimo para que todo en la UAS se transparente y no siga siendo la caja chica y grande de los políticos desquiciados.
Los compadres en su laberinto
Cuentan en Angostura –pero sólo ellos lo saben con toda certeza- que Alejandro Rivera Montoya y José Ángel Castro Rojo, El Pitón, eran tan compadres, que los dos amasaron fortuna al amparo de la agricultura y las alianzas políticas en el campo.
Pero llegó el día de aquel 2010 en que Rivera Montoya le jugó por las malas al compadre, y le dio gane al Pitón con el módulo de riego local, cosa que le hizo crecer a este último un rencor vivo, como la leyenda de Pedro Páramo.
Encontrados los dos nuevamente en la contienda intermedia de 2013, Alejandro, un diputado priista tránsfuga del curul, sabía que su compadre quería la nominación por su partido para la alcaldía.
Pero a Alejandro –como al otro- no se le olvidaba que a su compadre no se le olvidaría fácilmente la derrota del módulo de riego, por lo cual lo citó en una importante marisquería local para convencerlo de desistir para ser alcalde.
En el PRI, al Pitón lo traían con largas sobre la nominación, por eso un día decidió irse por la coalición PAN-PRD-PT, que prestos a recibir el capital político y económico del agricultor lo aceptaron sin reproche.
Por eso, en aquella comida marinera, Alejandro intentó –vanamente, después lo sabríamos- convencerlo para que regresara el redil y a cambio le daría el tan ansiado módulo de riego, perdido tres años atrás.
“Compradre, no sea así, mire ahí está el módulo de riego, es suyo”, le dijo –le suplicó- Alejandro… (pero las palabras exactas solo ellos las saben).
Infatuado por el coraje de la afrenta, revivida ahora por la limosna de un triste módulo de riego, el Pitón le respondió:
“Váyase a la chingada, compadre, usted y su módulo de riego; yo ya decidí ir por la alcaldía, y grábeselo bien, me le estoy atravesando y no lo voy a dejar llegar. Si no gano yo, al menos le voy a hacer un boquete”.
Ahora ambos compadres, acaso, tendrán la oportunidad de darnos otro capítulo de la vasta política rupestre. Ya Angostura nos dio un Chenel por mandato divino –pero Alá es más grande-, ¿por qué ahora no nos puede dar un Pitón?
Otra de Peña Nieto
En una entrevista exclusiva que concedió el presidente Enrique Peña Nieto a Univisión, en el marco de la visita de Barack Omaba a la capital del país, afirmó que si su gobierno o el de Estados Unidos supieran en dónde está Joaquín “el Chapo” Guzmán, sin decir agua va fuera detenido… Já.
Y para colmo añadió que todo lo que se ha dicho en torno a que su gobierno seguirá fortaleciendo la empresa del capo más buscado del mundo es “pura especulación”.
Me quedo con esta estrofa de un narcocorrido dedicado a Iván Archivaldo Guzmán Salazar, el primogénito del “Chapo”:
Se vinieron tiempos malos, me agarraron mucha gente,
el árbol no se ha caído aunque los vientos sean fuertes
hoy faltó la sombra que daban los pinos,
pero en poco tiempo se va el de los lentes…
Y luego por qué dicen que los narcos ahora se peinan de ladito.
Martín Durán