La guerra de baja intensidad al interior del cártel de Sinaloa

De héroes y villanos

La caída de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, orquestada por la DEA y la Secretaría de Marina Armada de México, comienza a arrastrar al cártel de Sinaloa hacia las pugnas internas que, hasta ahora, se ha convertido en una guerra, pero una de baja intensidad, en sordina, que quizá sólo le incumbe a sus integrantes.

Pero las corporaciones policiales, tan adictas a ese tufo mafioso, de algún modo u otro también están haciendo el trabajo sucio a la organización sinaloense, que puesto en la mira internacional, no solo con la captura de Guzmán Loera, sino con la conversión de Vicente Zambada Niebla a testigo favorito de la justicia gringa, le urge una renovación, una limpia que no sabemos si tocará a personas inocentes.

Algo salió mal el martes en la tarde en el fraccionamiento Villa Bonita… o así quisieron los policías que resultara: mal para actuar. Hasta ahora las versiones recogidas por este diario digital refieren que los agentes llegaron y conversaron con el individuo. Unos dicen que el hombre sacó una pistola y disparó contra una patrulla, mientras otros aseguran que sencillamente fue ultimado.

Sólo ellos lo saben, claro, pero lo que sale a colación es que la especie en estos momentos es que ya comenzó la limpia en el cártel. La muerte de Manuel Alejandro Aponte Gómez, alias El Bravo, y tres de sus escoltas encontrados asesinados en Elota se inscribe, pues, en esta serie de hechos desencadenados a partir de la detención del “Chapo” Guzmán en Mazatlán.

Ello se suma a que en marzo pasado varios hechos empañaron la tranquilidad del puerto de Mazatlán, que concluyó con la muerte de dos ministeriales y la detención de varios supuestos sicarios que participaron en los hechos.

Allá en lo mero alto del Triángulo Dorado, en Tamazula, Durango, por lo menos 15 hombres –entre ellos un menor- murieron en una guerra sin cuartel que también permaneció silente, sin tanto aspaviento, y con la confirmación de al menos 7 muertos y otros tantos desaparecidos entre barrancas y parajes arbolados.

La detención de gran parte de la célula de Los Chimalis, comandados por un hombre conocido como “el Panchón”, tras un enfrentamiento con –otra vez- policías ministeriales en las inmediaciones del Campo El Diez, también se enmarca en esta serie de hechos concatenados.

Días antes el Ejército había abatido al excomandante Germán Ceniceros Ibarra, alias El Jaguar, en una refriega que incluyó granadazos en la entrada del ejido La Sinaloa, en Navolato. Germán, según versiones extraoficiales, ya no formaba parte de las filas de Dámaso López Núñez, a quien la PGR ha identificado como uno de los posibles sucesores del “Chapo”.

Los Chimalis y El Jaguar, pues, habían sido aliados. Ambos grupos, brazos armados del cártel, cercenados en apariencia.

Hay quienes ven en toda serie de hechos una relación. No sólo se trata de acontecimientos fortuitos en un estado como Sinaloa, donde por decreto gubernamental todo lo que ocurre es por “mala suerte”.

Los vacíos de poder hay que llenarlos pronto, si no cualquiera puede ocupar ese sitio, entonces pasamos se simples hechos policiacos cotidianos a un plan para llenar un vacío que dejó un liderazgo que se basaba solo en su persona, en su poderío.

El Mayo Zambada, quizá, haya entendido que lo mejor es saberse retirar a tiempo. Y sobre todo negociar, negociar, hasta que la cuña apriete. Así lo hizo su hijo, que libró la cadena perpetua y llegó a un acuerdo que lo mantendrá en prisión pocos años.

Caro Quintero

Por los montes altos de Badiraguato se habla del señor Caro Quintero, dueño y señor de La Noria. Se habla que a su llegada en la sierra ha sido factor de equilibrio con la gente del “Chapo” Isidro. Se habla que fue mediador entre Héctor Beltrán Leyva y los Guzmán, para calmar las cosas. Caro es el Padrino, la figura emblemática, por encima de Juan José Esparragoza Moreno y Zambada García. Recientemente, en semanas pasadas, la Marina montó un operativo en su municipio para tratar de ubicarlo, pero en realidad si algo hay inexpugnable eso es la sierra sinaloense… ¿o cuándo han agarrado a un capo en aquellas montañas?

La ASE

¿Nos enfrentamos a una simulación más la selección del auditor Superior del Estado, tras la trágica muerte de Marco Antonio Fox Cruz?

Pero más allá de eso, tampoco se han dado las modificaciones legislativas para que la ASE sea un verdadero contrapeso institucional, que coadyuve a la transparencia y al ejercicio correcto de los recursos.

Las auditorías sirven en realidad para esconder la suciedad y para negociar sobre la mesa los acuerdos políticos. Ni las auditorías de la ASF han desencadenado en verdaderos mecanismos fiscales. Y todo porque en este país, comprobar desde el desvío hasta el lavado de dinero, es más difícil que, como el cuento cristiano, pase un rico llegue al cielo que un camello atraviese el ojo de una aguja.

Pero no nos alarmemos: las leyes están hechas de tal modo que permite el desvío y el lavado, porque de no existir estos delitos la economía simplemente se desmoronaría.

Por Martín Durán

One thought on “La guerra de baja intensidad al interior del cártel de Sinaloa”

  1. Buen reportaje, nada mas que hay que mejorar el modo de redactar, o quiza el que lo transcribio lo hizo en forma regular.

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