La ciudad de los pasos olvidados

La ciudad fue testigo de aquel beso

que te di

aquella tarde caminando por Reforma

a la sombra de las jacarandas en flor

mientras te contaba historias de mi infancia en aquel pueblo

el vuelo de los papalotes

y el juego de las canicas

el tiempo se detuvo, sobre la gran avenida,

la ciudad fue testigo de tus confidencias y las mías,

del recuerdo que sostenía tu mirada

en la que encontraba mi sombra perdida

mis distracciones y mis olvidos eternos

*** 

entonces supe que te amaba

cuando tus labios redimieron mis fracasos

caminando en medio de un caos

de catástrofes antiguas

como presagios olvidados

en los dinteles de la memoria

 ***

estábamos los dos ahí, inventando el tedio y el sopor,

en el puesto de nieves recuperé tu mano sobre la mía,

recuperé todos tus recuerdos de niña

la casa de locos que heredaste

la separación de tus padres

que te ofreció la soledad y la depresión

y ahora surges para mí limpia

sumergiéndote en mi vida apenas

yo quería darte un recuerdo de mi infancia como obsequio

y te quise dar papalotes y paseos en bicicleta

y no encontré más que un esqueleto aterido

de lo que fue y ya no es y se perdió

 ***

ahí estábamos los dos, donde el turco,

imaginando atajos a la desesperación

envueltos en la modorra y el cansancio

no llovió esa tarde, pero hoy sí,

y eso me trajo tu recuerdo ahí sentada

elaborando un mapa de París

las visitas a la torre Eiffiel

el trabajo en el jardín y la sucia pensión

en el barrio de los extranjeros

asomando tu cara de niña

a las aguas del Sena al atardecer

tal y como Cortázar y la Maga solían hacerlo

para encontrarse sin buscarse

en una ciudad ajena a nuestros pasos

cuando mis ojos se escaparon por la ventana

del café turco

y entre los dos ocurrió una catástrofe de silencios

hasta que te marchaste de la ciudad

 ***

partiste un lunes (nos levantamos sin luz, con miedo, con el corazón helado)

cada que veo un avión me pone triste la ciudad

me dejaste un último recuerdo de aquella mañana

tú entrando a ese camino que llamo destino

y que el resto de la humanidad llama la “cola para abordar”

atrapada entre cordones que me impedían el paso

para que te quedaras de una buena vez conmigo

te vi por última vez

pasando por la puerta de la Sala D

volteando hacia mí

al borde de una lagrimita melodramática de sentimentalón oscuro

eras hermosa como nunca en esa añoranza prematura

el pelo suelto que te iluminaba la faz, y tú sonreías y yo no tanto

 ***

en esa tristeza adelantada de ya no sentir tu cuerpo por las noches

la ciudad se quedó vacía cuando te marchaste de repente

las flores de las jacarandas empezaron a marchitarse

y me sobra el otro lado en el colchón de la cama

 ***

ya sé que te quiero y que me quieres

pero es esta maldita distancia de los abrazos prolongados

este renunciar a diario a tenerte lejos

a vivir de anhelos y esperanzas

como el preso que vive esperando el día de su libertad

cuento la soledad con mis pasos

y mide como cien cuadras

cuando camino por Reforma

ya sin ti

sin tu mano y tus besos y tus cariñosas enmulaciones

que aún en la distancia extraño

porque eres tú misma siendo fiel a tus razones,

porque eres tú misma siendo fiel a tus sueños

porque eres tú misma abrazando este destino incierto

porque eres tú luchando

contra el olvido y las cadenas de la cotidianidad

 ***

te abrazo en el desvelo

sobra la lluvia esta noche en el DF

esta ciudad que ya no es la misma sin ti

caminando por cualquier calle del centro

entrando a un establecimiento

donde se vende ropa de la India

descubriendo grandes intersticios

donde me sorprende lo desconocido

ahí atrapo tu imagen

esta que me regalaste aquella mañana

sacándome la lengua como una niña enamorada

mientras marchabas a encontrarte con tu destino…

 ***

y la ciudad florece gracias a ti, a tu imagen que sostengo,

el smog desaparece, el ruido y el escándalo,

la violencia de sus calles y el caos sin fin del fin del mundo

y ya somos tú y yo buscando un sitio donde comer a mediodía,

caminado hacia el turco que tanto quisiste

y en el que ahora sonrío porque estuviste tú

sonriéndole a la vida

como cuando ibas de mi mano

por cualquier callejuela, cantando,

apenas un estribillo breve en tus labios

murmurabas la letra de una canción

que no conocía pero me hacía feliz

porque aún las calles donde caminamos

conservan ese paisaje agreste y desvaído

pero se ilumina porque lo iluminas tú

entrando a mi vida sonriente y luchando y sin prisas y razones…

Por Martín Durán

Abril de 2012

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