Indigentes, un problema de salud pública olvidado

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Por Rafael Báez

 

 

Un indigente es una persona marginada socialmente sin domicilio fijo o establecido, que por lo regular vive en la calle, trátese de menores o adultos y de cualquiera de ambos sexos, que se ve obligada a vivir a la intemperie o temporalmente en albergues (si los hay) a causa de una ruptura encadenada, brusca y traumática de sus lazos familiares, sociales y laborales.

Este problema es más acentuado en las ciudades, pero el tema que nos ocupa es concretamente en Sinaloa donde sólo una minoría de estas personas reciben atención de salud mental.

El miedo a revivir situaciones traumáticas suele provocar en ellos rechazo de distintos grados, según los casos, como volver a intentar llevar una vida laboral y a rehacer relaciones familiares y sociales. También la extrema indigencia la que le conduce esta situación es un obstáculo para ello.

Las razones son varias: Pueden ser por la ruptura de lazos familiares y personales; no tienen una relación habitual o no mantienen ya ningún contacto con su familia directa e indirecta; puede deberse a una adicción, o a la más común, una enfermedad o trastorno físico o mental.

Por la naturaleza de este problema, resulta muy difícil llevar a cabo investigaciones que consigan abarcar todos los aspectos del conflicto.

Las complicaciones, entre otras causas son la adicción al alcoholismo y a la droga en sus distintos géneros, las condiciones de vida en las que viven pueden generar graves enfermedades.

De igual modo que las adicciones, los problemas de enfermedad mental son la causa o consecuencia de la situación en la que viven. La depresión es muy común, pero también hay personas que sufren algún tipo de paranoias, una alta cronificación o institucionalización o el síndrome de Diógenes. Este último probablemente es el más visible, ya que en la memoria de todos encontramos la figura típica de una persona sin hogar que arrastra un carro de la compra cargado con numerosos objetos aparentemente inútiles.

Al no tener familia, relaciones sociales fuertes y atención por parte de la administración, la situación de desamparo es muy extrema. Por esta razón sufren todo tipo de agresiones como por ejemplo la agresión física directa. Algunos criminales aprovechan la desprotección que sufren estas personas para agredirlas, llegando incluso a quitarles la vida, todo ello como manera de diversión.

Existe una elevada prevalencia de trastornos mentales y consumo de sustancias tóxicas entre vagabundos y personas desfavorecidas.

Pero lo más grave de todo ello, es la desatención de las autoridades federales, estatales y municipales, de organizaciones oficiales y no gubernamentales, de salud, organizaciones conocidas como no lucrativas o altruistas, humanitarias, donde  este tipo de instituciones por lo general se financian gracias a ayudas y donaciones.

Incluso la apatía de la misma sociedad  que por años hemos ignorado la gravedad de este problema y que crece cada día en Culiacán, Mazatlán y Los Mochis, pero nadie voltea a verlos, a buscar una verdadera solución para ayudarlos.

Claro que es un problema político social, por supuesto, campañas van campañas vienen pero ¿quién se ha preocupado por tomar como bandera este problema?, quien se ha preocupado por incluirlo en su agenda de campaña política electoral?, que dicen nuestros diputados en el Congreso del Estado, esto es grave, gravísimo.

Con cuantas instalaciones se cuentan en el estado para dar auxilio a los indigentes y si las hay, en qué condiciones están?, haber quien de nuestros legisladores “se echa este trompo en la uña”, no es tema menor.

Usted amable lector que recorre el centro de la ciudad capital, acompañado de su familia, de sus pequeños hijos y que les toca ver como estas inocentes personas defecan a plena luz del día en las partes más transitadas, caminan desnudos, porque su capacidad mental está muy deteriorada; o cuando una pareja (hombre y mujer), realizan actos sexuales, a la vista de todos, debido a su falta de cordura.

Esto sin contar con los enfermos que si son muy agresivos, es cierto, hay mucho que hacer, tan importante es esta situación que nuestros legisladores en el Congreso Local deberían presentar un punto de acuerdo al respecto y darle cabal seguimiento. La verdad, sería un acto de justicia, que cada quien aportara su granito de arena. Haber que pasa.

Pero cuál es la opinión de esto en la Secretaría de Salud?; tratamos de entrevistar al Secretario Echeverría pero se encontraba en una reunión, sin embargo me mandaron decir que esta dependencia no era la instancia para tratar el tema de los indigentes, que para eso estaba el DIF, vaya desfachatez, es el colmo, así como quieren ganarse la confianza y credibilidad de los sinaloenses.

Volví a insistir, les dije que no necesitaba la opinión del Secretario de Salud, sino de una autoridad en la materia, por fin de tanto insistir me atendió amablemente el Doctor Alvaro Martín Acosta Padilla, Director de Promoción de la Salud, quien después de escucharme reconoció que era un tema muy delicado, pero que los indigentes en la vía pública era responsabilidad de los ayuntamientos, retirarlos de la circulación con la finalidad que no se sigan constituyendo en una amenaza para la sociedad y que el ayuntamiento deberá canalizarlos a las autoridades correspondientes como el DIF, instituciones de salud, entidades involucradas en la atención de esto, etcétera.

Argumentando que para lograr una solución, se tendrán que integrar todos los sectores que tienen implicaciones en este penoso asunto, quienes deberán realizar una serie de esfuerzos para que se pueda trabajar en las medidas de prevención, atención y manejo de este problema, pero lo más importante dijo, se necesitan recursos suficientes y la integración de los distintos sectores para poder atender con mayor oportunidad un problema tan complejo como es la indigencia.

Pues sí, lo dicho por el Doctor Acosta Padilla es solo de buenas intenciones, pero la solución a ello, es construir instalaciones dignas, con personal altamente capacitado, Sinaloa no las tiene.

Se está buscando que el Congreso del Estado autorice el endeudamiento para la construcción de los dos hospitales que finalmente traerán grandes beneficios a la sociedad, pero acaso los indigentes no tienen derecho a ser tratados con dignidad?, señores diputados ustedes tienen la última palabra, un punto de acuerdo consensado por unanimidad, aprobado por todos los partidos, pero darle verdadero seguimiento hasta que se cumpla, la verdad sería aplaudido por todos.

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