‘Fallan’ con el mal fallo al Premio de las Artes

Por Alexander Quiñónez

Culiacán, Sin.-Declarar como desierto el máximo galardón de las artes de Sinaloa es una grave señal de alerta. Especialmente en tiempos como los que nuestro estado vive, es triste no mostrar a Alguien a quien reconocer en lo mejor de nuestra cultura y artes.

El Premio esta para reconocer al sinaloense que se distinga por sus contribuciones al enriquecimiento del patrimonio cultural y al progreso del arte en el estado y/o fuera de él. Fue primero Premio de Ciencias y Artes, eso hasta 1995, en 1996 se le instituye como el Premio Sinaloa de las Artes y se entrega en conformidad a las bases mencionadas en el Decreto número 149, publicado con fecha 12 de agosto de 1996 en el Periódico Oficial del Estado de Sinaloa. Consiste en un diploma, medalla de oro y cien mil pesos, que se entregarán en ceremonia pública.

No son tantas las figuras y son menos los ´titanes´ de la cultura en el estado como para que no se promueva la generación de expedientes bien armados. Los nombres dignos del galardón -muy- difícilmente superan la docena. El mismo Instituto se sabe facultado sobre la necesidad de convocar la generación de propuestas para tener un premiado, lo hace en otros premios y programas, pero en éste en particular simplemente a las propuestas “les faltaban papeles y no fueron merecedoras”. No se pone en duda “la calidad moral y artística de los nominados” (El Debate 6 de oct), a la vez que se les cataloga como “figuras débiles” (El Debate 9 de oct), dijeron. Otros años la deliberación ha durado días, éste año, un par de horas y listo. Eso sí, el la dirección del Isic ya declaró que van a desarrollar “alguna otra estrategia”, porque el descuido no fue de ellos, sino de la comunidad “que se confió” (El Debate 9 de oct).

Con un fallo nulo, se deja patente que se sigue en “el año de aprendizaje”, al que en su momento culpaban por los pobres resultados del primer año de la actual administración.

Partiendo de lo que quienes si saben del tema dicen en las redes sociales y en la sociabilización no digital, se pueden decir y concluir muchas cosas, he aquí un muestreo de ello.

Para empezar, el que los no nacidos en el estado no puedan ser premiados, al tiempo que los si nacidos pero que nunca han vivido aquí sí puedan ser galardonados es una faceta básica del problema. Aun así, hay bastantes sinaloenses nacidos muy dignos del Premio y que parten sin recibirlo. Es casi tan sencillo como el premiar a un candidato de años anteriores que sea merecedor. También se puede re-convocar al galardón –pero es casi imposible que las autoridades acepten que de plano la regaron, es más fuerte el orgullo que las ganas de hacer las cosas bien, así sea al segundo intento-.

Hay nombres que son ya instituciones en nuestras artes y cultura y que por desgracia no tendremos siempre, pero merecen  su reconocimiento en vida. Varios son los casos en que una personalidad propuesta durante años no es galardonada –generalmente por no tener suficiente favor político- y que al fallecer pone al Instituto a rasgarse las vestiduras, como si mucho hubieran hecho por su vida y obra. Y no es que el levantar una estatua en memoria de alguien no sea digno, para nada, sino que el reconocer a creadores y sustentadores de cultura le da a la sociedad una luz al final del túnel, una certeza de que por nuestras diferencias y pluralidad –y no a pesar de ellas- vamos a algún puerto seguro como colectivo social.            Podría entenderse si los encargados de dar el Premio fueran expertos, o al menos conocedores de las artes que se pretenden galardonar, cosa que no sucede. Lo que si sucede es que se tiene a un mal grupo de burócratas decidiendo sobre el desarrollo y destino de la cultura en Sinaloa. Es claro que lo importante es estar contribuyendo, pero también se puede ver que hace falta una verdadera reflexión en la que se delibere y decida sobre bastantes más temas, pues la declaratoria que se dio solo da muestra de muchas problemáticas que la cultura y la política cultural (que no es lo mismo) tienen en el Sinaloa de este sexenio. La situación se deja ver en casi todo certamen y reconocimiento del actual Isic, varios de ellos catalogados como una “burla y fraude” por parte de la comunidad cultural estatal e incluso nacional. Lo que esta en juego es nada más y nada menos que el desarrollo cultural de nuestra sociedad, mismo que esta en manos de burócratas sin la formación adecuada.

Estamos en un momento en que las autoridades encargadas serían capaces de darle el premio estatal de las Artes a un boxeador fracasado o a un pintor que ni siquiera más allá de Nayarit conocen, que a personas que han trabajado cinco o más décadas por la cultura y las artes de nuestro hermoso –y sitiado- estado.

Si la tuvieran, aplicarían alguna forma de jurisprudencia cultural para en conformidad con las bases tener una resolución que no sea un ridículo, ya por lo menos volver a convocar. Así, el fallo sobre el fallo en la entrega del Premio Sinaloa de las Artes de éste 2014 nos deja un campo fértil para repensar la política cultural que se necesita para Sinaloa. Una que impacte con beneficios a la sociedad que la sustenta y consume, una que trabaje con efectos multiplicadores con diversas áreas de gobierno y la sociedad civil y no se quede sentada esperando ése presupuesto que tiene que buscarse y gestionarse, mientras que a los pocos de los nuestros que hacen algo que prevalece al paso del tiempo se les desconoce ignomiosamente.

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