El general sin trofeo

General de contrastes, a momentos dicharachero, otras veces hermético, Moisés Melo García ha permanecido más de dos años en Sinaloa, primero como comandante de la Novena Zona Militar, y luego de la Tercera Región Militar. No se sabe porqué el Alto Mando decidió dejarlo al ascender a divisionario, lo que sí, es que los generales en el estado han marcado con su talante la a veces absurda guerra contra el narcotráfico. Esta es la segunda entrega de sus historias.

Culiacán, Sin.– Un par de veces le pisó los talones a Joaquín “el Chapo” Guzmán allá en la sierra, el Triángulo Dorado, que ha aprendido a conocer desde el 2007 en que tomó el mando de la Décima Zona Militar en Durango, pero nunca ha sido su objetivo, como una vez lo confió a los medios.

El general Moisés Melo García llegó a Sinaloa en un momento en que la guerra entre los cárteles empezaba a amainar después de 2008-10, como una tormenta que después del temporal se apaga en apariencia.

De punta a punta ha recorrido el estado, mediáticamente ha estado en los momentos de crisis de seguridad. Siempre aclara, corrige o embrolla las versiones oficiales, sobre todo en enfrentamientos de alto impacto.

Es abierto con los medios, pero su forma peculiar de hablar termina por no decir nada. Evade preguntas cuando es necesario, deja que su interlocutor interprete, termine la frase, sin comprometerse él.

“¿Son del cártel de Sinaloa?”

“Usted lo ha dicho, no yo”, suele responder ante la incomodidad que representa hablar del grupo criminal que lleva el nombre del estado.

Melo García llegó a Sinaloa el 1 de diciembre del 2010 con 43 años de servicio en el Ejército, y con casi 62 años de edad. Curioso, una de las primeras cosas que hizo fue mandar llamar de uno por uno a los periodistas que cubren la fuente. Quería conocerlos, argumentó.

Nadie le rechazó la invitación. Entabló buena conversación, prometió apertura informativa y dejó por si se ofrecía sus teléfonos. Desde luego, cumplió.

Ese era Melo, el general de la diplomacia. Tanto que en Durango algunos reporteros se lamentaron de que se marchara a la 16 Zona Militar con sede en Guanajuato.

A más de dos años al frente en Sinaloa, nadie le cuestiona públicamente porqué no ha atrapado ningún pez gordo, salvo Manuel Torres Félix, “el Ondeado”, con quien tuvo su primer altercado apenas a un mes de haber llegado a la Novena Zona.

La trayectoria

En realidad, la hoja de servicio de Melo García, de la cual La Pared tiene una copia, dice mucho sobre su carácter.

De 1994 a 1995, Melo fue profesor titular de la materia de Guerra Irregular y Seguridad Interior, en la Planta de la Escuela Superior de Guerra, así como coordinador de las materias de Estado Mayor Aéreo conjunto y Operaciones del Ejército en el Curso Superior de Guerra.

También fue jefe accidental del Área de Pedagógica de Guerras Especiales. Es decir, si de algo sabía el entonces coronel de Infantería, era las estrategias para enfrentar a la guerrilla en el campo, el pensamiento del guerrillero, sus pasiones y derroteros, sus movimientos en terrenos inhóspitos y su forma de actuar.

Una gran parte de sus ahora 45 años al servicio del Ejército ha estado al frente de las tropas.

Pero antes de estas más de cuatro décadas hay una historia en la milicia, la cual comienza a los 18 años, cuando Sadod Melo y doña Amelia García dejaron que su hijo ingresara como cadete aquel lejano noviembre de 1967.

Moisés Melo García había nacido un 25 de enero de 1949 en el Distrito Federal, por lo que no tuvo que salir de su ciudad para estudiar en el Heroico Colegio Militar

Tras cuatro años de instrucción militar, se graduó en 1971 como subteniente de Infantería. Eran aquellos años de la Presidencia de Luis Echeverría Álvarez.

El joven Melo al salir del colegio se integró al Primer Batallón de Infantería del Cuerpo de Guardias Presidenciales, encargados de brindar seguridad al jefe del Ejecutivo Federal.

Fue escalando poco a poco posiciones, hasta que en 1979 obtuvo el grado de Capitán Primero de Infantería, y tras el curso de Mando y Estado Mayor General adquirió el carácter de Diplomado de Estado Mayor.

En 1986 alcanzó el grado de Mayor D.E.M. Los años 80 fueron de preparación ardua, hasta que en 1993 fue nombrado Coronel de Infantería.

De 1990 al 93 fue jefe del Grupo de Comando del 48 Batallón de Infantería ubicado en Guerrero. No por nada era experto en guerrilla.

Esta fue la primera vez que el ahora general de División pisaba un teatro de operaciones fuera de la comodidad de los planteles militares, en donde estuvo en los 80.

Pero luego de los tres años regreso como profesor, y fue hasta los años 96-98 cuando fue comandante del 64 Batallón de Infantería con sede en Cancún, Quintana Roo. Al término de esta comisión, por los siguientes dos años fue jefe del Estado Mayor de la 23 Zona Militar de Tlaxcala.

Al término, el 20 de noviembre del 2000, Melo García entró al generalato al otorgarse el grado de general Brigadier.

En esos meses estuvo en puestos administrativos, hasta que fue enviado por el Alto Mando, ya en la era foxista, como agregado militar de la República de El Salvador, en Centroamérica.

Fue en esa misma época en que se le comunicó su ingreso a la Legión de Honor del Ejército.

Otro peldaño más sería escalado en el 2004, cuando obtuvo el grado de general de Brigada, en el momento en que regresó de la embajada salvadoreña.

Con su regreso y otra estrella más en su insignia, fue enviado de nuevo a una tierra que ya conocía, el cuartel de la 35 Zona Militar en Chilpancingo, Guerrero, y luego al cuartel de Minatitlán, Veracruz.

Fue hasta diciembre del 2007 en que por primera vez pisó tierras del narcotráfico indómito, al asumir el mando de la Décima Zona Militar de Durango. Justo al cumplir los 40 años de servicio, se le dio la Condecoración de Perseverancia Extraordinaria, una de las más antiguas preseas del Ejército.

En Durango estuvo dos años y medio, los suficientes para granjearse a la prensa, y como para presentar trabajo contra el narcotráfico.

Una de las más notables acciones que le atribuyeron, fue el desmantelamiento de uno de los más grandes narcolaboratorios de droga sintética encontrado en el municipio de Tamazula, pegado a Sinaloa.

Tal vez por eso, Melo García ha dicho que ha estado muy cerca del Chapo Guzmán y de otros objetivos grandes del cártel de Sinaloa. Pero que esa no es su misión en Sinaloa.

De los pocos capos que enfrentó fue a Manuel Torres Félix.

Un mes y medio después de que llegó a Culiacán, las tropas de Melo subieron por el rumbo de El Salado hacia Cosalá. Ahí hubo un enfrentamiento cuyos saldos fueron pocos conocidos: al menos dos soldados muertos.

La rencilla entre “el Ondeado” y el Ejército no fue tersa. A Torres Félix y a su gente se le atribuyen varios enfrentamientos en la zona del Valle de San Lorenzo y la sierra baja de Cosalá.

Pero el Brigadier no perdería tiempo. Durante el 2011 se sumó a los operativos que empezaba a encabezar la Policía Ministerial del Estado y la Policía Estatal Preventiva, una vez que Mario López Valdez tomó el mando del Ejecutivo estatal.

Con el arribo de Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, “Chuy Toño”, a la ministerial, la mancuerna se solidificó. No había lugar a donde fuera uno que no estuviera el otro.

El teatro de operaciones esta vez fue Ahome, Guasave y Mazatlán, en donde el cártel de Sinaloa le daba guerra a la tríada de los Beltrán-Zeta-Carrillo.

Este último grupo fue el mermado, pero a su vez fue el que actuó con violencia en contra de las corporaciones policiacas y del Ejército.

Las distintas emboscadas a policías dejaron su marca de origen: eran los “beltranes” que contraatacaban por ser al único grupo al que el Estado apuntaba sus baterías, aunque el discurso oficial siempre fue “a todos los grupos se combaten”.

Un golpe fuerte a la tropa militar ocurrió a fines de enero del 2012, en Guasave, en donde un comando mató a tres soldados.

El general Melo, ya ascendido a División, y al mando de la Tercera Región Militar de Mazatlán, fue y regañó al alcalde Ramón Barajas.

El mando militar desmanteló la Policía Municipal y puso a un incondicional, como lo hiciera Chuy Toño en otras municipales.

Así de la mano, ambos mandos han “guerreado” en Sinaloa, en el fondo ignorando la siembra y cosecha de enervantes en la sierra, que el año pasado dejó una sobreproducción, mientras que por otro lado los decomisos reportados son escasos.

Melo García, unas semanas después de lograr el grado de general de División se lo dijo a los periodistas, que fueron a la Novena Zona a desayunar con él como una despedida anticipada.

“Yo qué más quisiera que me mandaran a Mazatlán, ya me gustó estar en Sinaloa”, refirió.

En efecto, su sueño se cumplió. En su lugar, por apenas dos semanas, quedó el general de Brigada Pedro Felipe Gurrola Ramírez, pero apenas llegaba cuando era cambiado y en su lugar tomó protesta en la Novena Zona el general Marco Antonio Covarrubias Aguilar.

De Covarrubias ya se ha hablado en este espacio, en cambio Gurrola Ramírez, el general de los “gafes”, es otra historia…. (Continuará)

Martín Durán/La Pared

1 parte:  Un Rambo que llegó en silencio a Culiacán

 

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