De héroes y villanos
El general Moisés Melo García pasó sus últimos seis años como jefe militar en la región que comprende Durango y Sinaloa, en donde el cártel favorito del sexenio (de este y de los otros dos anteriores) tiene fincado su imperio criminal.
Diplomático con los medios y de maneras tratables, nadie les cuestiona al general de División el poco combate al narcotráfico, más allá de escaramuzas y de la caída de subalternos de los capos.
En Durango estuvo de diciembre del 2007 a diciembre del 2010, ocupándose de la comandancia de la Décima Zona Militar, y nadie ignora que a su partida esta entidad se convirtió en una de las fosas nacionales que abundan en territorio donde los cárteles tienen su pugna.
Allá en las cimas del Triángulo Dorado, una de sus mayores glorias como jefe militar de Durango fue el aseguramiento de uno de los más grandes narcolaboratorios en Tamazula, pero de ahí en fuera sin claros objetivos contra la verdadera hidra del narcotráfico.
En Sinaloa su llegada a la Novena Zona Militar coincidió con el arribo del “gobierno del cambio” de Mario López Valdez, que sediendo de aliados no tardó en hacer mancuerna con el general y con Jesús Aguilar Iñiguez, el poderoso comandante “Chuy Toño”, un hombre que tiene todo el tufo a mafia.
Entre Melo y Aguilar Íñiguez se podría decir que durante el 2011 desmantelaron el grupo de Los Mazatlecos y combatieron ferozmente al grupo mayor encabezado por Fausto Isidro Meza Flores, “el Chapo Isidro”, considerado por el gobierno de Estados Unidos como una de las células criminales más violentas.
Entre el Ejército y la Policía Ministerial acotaron las intenciones de Los Zetas de ampliarse en Sinaloa, haciéndole por añadidura el trabajo sucio al cártel de Sinaloa. Los del cártel daban las ubicaciones y los ministeriales y militares reventaban las casas de seguridad.
Es cierto que la polémica -expuesta desde los videos criminales donde aparece Frank Armenta, escolta del gobernador- es contradictoria, porque no se le puede pedir al gobierno que deje de combatir a los delincuentes.
El general Melo solo se enfrentó contra dos temerarios jefes de sicarios: Manuel Torres Félix e Iván Gastélum Cruz, “el Cholo”.
“El Ondeado” fue cazado y sus días terminaron en un paraje solitario de Oso Viejo, al sur de la sindicatura de Quilá, a manos de las tropas del general.
Por años, Manuel Torres había provocado un sinnúmero de bajas al Ejército, y ya era consigna su caída.
Pero con el “Cholo” Iván no pudo o no quiso. Si hubo un jefe de sicarios que provocó la muerte de varios militares, ese fue “el Cholo”, que hizo de Guamúchil su “cabeza de playa” para contraatacar al “Chapo Isidro”.
La guerra que tenía su teatro de operaciones en la región del Évora subió en mayo del 2013 a los medios, cuando la gente del “Cholo” comenzó una campaña de desprestigio contra el Ejército, acusando al general Felipe Gurrola de ser cómplice de Isidro y de haber dado muerte a su novia, la ex modelo María Susana Flores Gámez.
Inteligencia militar también actuó de la misma forma, exhibiendo el rostro del “Cholo” en volantes repartidos a través de helicópteros, aunque el episodio fue negado formalmente por la Sedena.
Melo García ya no pudo, como comandante de la Tercera Región Militar, cazar a este personaje, uno de los pocos jefes de sicarios del “Chapo” Guzmán que han sobrevivido a los embates enemigos. Y esto ya formará parte de su vida interna.
Ahora, desde marzo próximo, veremos a un general de División retirado al frente de las corporaciones policiacas sinaloenses.
Ignoramos si esto le caerá de perlas a “Chuy Toño”, que está acostumbrado a mandar en cuanta corporación que hay, o si Genaro García se sentirá acotado en la Secretaría de Seguridad.
Lo cierto es que si por ellos fuera, Melo no estaría en Sinaloa. Fue decisión exclusiva del gobernador, como cuando incluyó al almirante retirado Héctor Mucharraz Brambila en la SSP. Genaro ya no halla que hacer con el chapito bigotón, que suele pasarse su mando por el arco del triunfo.
Lo otro, que Melo conoce el territorio sinaloense bien, es cierto. Y no sólo Sinaloa sino el Triángulo Dorado, por lo debe tener excelente información de los escondrijos de los líderes del cártel de Sinaloa, “El Chapo” y El Mayo Zambada.
Capitalizar la derrota
Fue inédita la salida del ex secretario de Economía, Roberto Cruz Castro, para denunciar al secretario General de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros, como el operador principal que orquestó su salida del gabinete estatal.
Pero no deja de ser una estrategia política. Para Cruz Castro, tirado en la arena de las bajas pasiones políticas, le es muy conveniente aparecer como la víctima del “personaje siniestro” que despacha desde el Tercer Piso. Y así, ganaría adeptos a su causa, en un Partido Acción Nacional bocabajeado por pugnas y pleitillos internos que, ese sí, no ha sabido capitalizar la derrota del 7 de julio pasado.
Veremos, pues, a un Cruz Castro más envalentonado y airado que tomará la bandera del líder que no ha podido ser.
La política como espectáculo circense
En pocas palabras, al alcalde Sergio Torres Félix le fallaron los asesores. Es cierto que el tema de los circos con animales la solución no es prohibirlos, porque por pura analogía también se tendrían que prohibir otros espectáculos donde participan animales: peleas de gallo, charrerías, etc.
Además, tenemos un zoológico que costó millones y que vino un ciclón y no fue capaz de poner a salvo a las especies. Tenemos perritos y gatos callejeros sin dueños. Tenemos pobres y tenemos narcos, y tenemos un sin fin de problemas como para poner en la agenda pública un tema nada urgente como lo es el maltrato animal en circos… que para eso ya existe una ley y una autoridad que sanciona.
Por Martín Durán