De héroes y villanos
La hipocresía de los gringos se volvió a hacer patente esta semana, luego de que la famosa Comisión del Crimen de Chicago anunciara que Joaquín Guzmán Loera, el narco que al que los gobiernos continentales le endilgan la rimbombante etiqueta del “hombre más buscado del mundo”, fuera puesto en el sitio que una vez le perteneció a Al Capone.
Alega la gente de la DEA que “el Chapo” que ha inundado de toneladas de cocaína la “ciudad de los vientos”, en donde rugían las metrallas de los gánsters en la época de la Prohibición. Chicago, si no me engaño, desde hace años se ha sumergido en una violencia de bajo perfil que no resalta en los medios, porque a los medios allá le interesa poco que los grupos de pandillas se maten entre sí. Dos, tres y hasta cuatro asesinatos diarios.
El año pasado, mientras rastreaba en los archivos en línea del Departamento de Justicia y del Congreso de Illinois la historia de Kiley Murray, observé que nada más en un fin de semana de abril del 2012 hubo tantas balaceras como en Culiacán. Una nota periodística de La Tribuna de Chicago daba un saldo de 19 personas lesionadas a balazos y cuatro hombres muertos, la mayoría jóvenes relacionados con el mundo de las drogas. O al menos el diario así lo dejaba entrever.
La ciudad de Chicago, convulsa como siempre, fue la cuna de los hermanos Margarito y Pedro Flores, los soplones que la DEA usó para lograr casi 50 órdenes de aprehensión en contra de la estructura que allá de niegan a reconocer, pero que aquí en México llamamos simplemente cártel. El cártel de Chicago. A esa organización la surtía el cártel de Sinaloa de toneladas de droga y heroína que, según las acusaciones formales radicadas en la Corte del Distrito Este, viajaban por lo regular desde Los Ángeles a través de las supercarreteras de los Estados Unidos, esas venas que nutren al gabacho de miles de toneladas de sustancias ilegales.
Decir que “el Chapo” Guzmán es ahora el enemigo público número uno de Chicago es pura faramalla para de nueva cuenta escupir a México en la cara. Y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se la tragó toda y salió al día siguiente a decir que es una prioridad capturar a Guzmán Loera.
Una vez una de las esposas del “Chapo” Guzmán acudió al diario Noroeste, donde trabajaba como reportero, para defender a su hijo Ovidio Guzmán López, que la SEDENA estaba involucrando en las actividades de Manuel Torres Félix, “el Ondeado”, abatido en Oso Viejo, en el extremo sur de la zona rural de Culiacán.
“No nada más el Chapo existe”, me espetó Griselda López. Pues sí, el Chapo hace todo en esta vida, mata, secuestra, vende drogas, mueve miles de gentes, toneladas de dólares. Si agarran a un narco en Colombia, es socio del Chapo. Si sentencia a otro mafioso en Malasia, es gente del Chapo. Que el Chapo exporta drogas a Australia, a Italia, y hasta lo han visto en restaurantes de Veracruz y les manda a sus hijas y mujeres a Estados Unidos para que paran a su descendencia. En fin. El juego mediático seguirá, y cuando no tengan al Chapo los gringos y el gobierno mexicano ya se inventará a otro capo para alimentar el maniqueísmo perfecto de los buenos y los malos.
Lo malo es que esa hipocresía gringa no permite aceptar a los Estados Unidos que ellos son la gran cueva de Alí Babá y los 40 ladrones, y que los narcos allá están en los bancos del HSBC, en las Fiscalías que llegan a tratos jugosos con los mafiosos, en los juzgados, en las calles. No nos engañemos: si Estados Unidos es grande hoy se lo debe a las familias italoamericanas que permitieron negociar por debajo de la mesa lo que los políticos no podían hacer en la escena pública. Hoy y siempre la mafia ha sido en el gabacho el cauterizante de su pujante economía. La mafia, sin temor a equivocarme, fue la salvación del Estado yanqui, y lo ha perpetuado. Por eso, el narcotráfico no se acaba, pero sí los capos, que son desechados en cuanto no les sirven a sus fines.
¿Capturar al Chapo?
Si de verdad quisiera atrapar a Guzmán Loera, desde hace mucho que el Valle de San Lorenzo hubiera sido monitoreado vía satélite.
Los caídos y los revividos
En las últimas tres semanas, tres hombres de cierta importancia en el cártel de Sinaloa han caído. El primero fue el sobrino de Ignacio “Nacho” Coronel Villarreal, José Ángel Carrasco Coronel, herido en un supuesto enfrentamiento en el Triángulo Dorado por elementos del Ejército.
El segundo fue el hombre conocido como Jonathan Salas Avilés o Marcelino Ticante Castro, “el Fantasma”, quien en un momento ocupó un lugar importante en el sicariato del cártel.
El tercero es Alejandro Cabrera Sarabia, uno de los hombres que encabezaban la guerra en Durango para arrebatarle la Comarca Lagunera a Los Zetas.
Los tres cayeron en Culiacán, el emporio del grupo de Sinaloa… ¿Le suena a entrega o cuota?
Ahora, Javier Torres Félix, el JT, sale de la prisión de Estados Unidos, una vez que cumplirá su sentencia este próximo marzo. Y por ahí hay voces que señalan que Alfredo Beltrán Leyva también emergerá nuevamente como socio de la antigua Federación. Ya su hijo, Alfredito, que nunca tuvo problemas como Arturo, su tío, es considerado como un joven en ascenso en la organización. ¿Otra vez el clan compactado? Que Enrique Peña Nieto lo diga más adelante.
Martín Durán/La Pared