De héroes y villanos
La novedad hubiera sido que el Departamento del Tesoro boletinara a las empresas de Antonio Sosa Valencia, que cada año crecen con un paso desmesurado, y que siguen imperturbables ante los cambios transexenales. Y desde luego, son prolíficas al amparo del poder y de los gobiernos, llámense priistas, panistas o de coalición.
Que la OFAC haya puesto en su lista a tres empresas de Isidro Meza Flores, “el Chapito” Isidro, una de ellas una constructora que le trabajó al Ayuntamiento en el trienio de Jesús Burgos Pinto, por un poco más de un millón y medio de pesos, es lo de menos.
Meza Flores tiene tan sólo una gasolinera, pero a Juan José Esparragoza Moreno, “el Azul”, se le atribuyen siete estaciones de servicio en Culiacán, que lo mismo surten a Gobierno del Estado que a los funcionarios del Ayuntamiento y de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en donde por cierto, dos de ellas aparecen en la lista de proveedores.
En Sinaloa, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros, esa que pone el dedo en los hombres y empresas relacionadas con el narcotráfico, ha subido a su lista negra al menos a una treintena de empresas, cuyos capitales muchas veces se sabe que es dudoso, pero hay otras de imagen respetable que uno no hubiera imaginado que se tratara de un “lavadero”.
El caso es que Estados Unidos opera su propio juego, y no quiere decir que si un nombre o empresa llega a esa lista de cabecillas extranjeros de narcotráfico, ya es un hecho de que se trata de delincuentes profesionales. Más bien, en apariencia, lo que se busca es exhibir mediáticamente primero a un grupo o individuo, y más tarde, si un valiente fiscal obtiene las suficientes pruebas, lograr que se le finquen cargos ante una corte de distrito.
En el gabacho no es fácil probar eso, y menos si los más buscados están de este lado de la frontera, medrando con políticos y a costa de la sangre y los torrentes de dinero. Necesita decenas de testigos y pruebas sólidas para que un fiscal proceda con todo. Aunque allá los arreglos también se dan, pero de distinta manera.
Al menos en Culiacán los “lavaderos” abundan. Y uno de los principales fue destapado por el Departamento de Justicia (DOJ) el mes pasado, luego de que en la Corte de Brooklyn, Nueva York, reveló que en esta capital fueron blanqueados mil millones de dólares en las sucursales del banco inglés HSBC, del 2007 al 2008.
En Culiacán, si el Google no me engaña, existen sólo 11 sucursales de esta institución bancaria, así como dos matrices, una ubicada en Plaza Forum y otra en la esquina de Nicolás Bravo y Constitución, en la colonia Jorge Almada. Una vez pasando por ahí con un amigo del DF me dijo: “Ya ni la disimulan, este banco tiene la forma de una lavadora”. Y sí.
Según el diario capitalino 24-Horas, en la capital sinaloense fueron blanqueados más de 11 millones de dólares al día. Nadie de la esfera de gobierno dijo pío, y los periódicos locales se limitaron a dar la noticia, como que poco sorprendidos ante semejante escándalo.
Cuando uno se echa la vuelta por el mercadito Rafael Buelna, al oriente del sector centro, puede verse con naturalidad lo pujante que sigue el negocio de las casas de cambio, tanto que ya abarcan más cuadras de lo que recordaba en el 2008, época en que la guerra entre los cárteles comenzó, y que el gobierno federal intentó cerrar, sin éxito.
Ahora desbordan casetas oscuras más allá del perímetro de lo que antes era la calle Juárez, donde el mercadólogo Arturo Pérez-Reverte insertó a su personaje Teresa Mendoza, la Reina del Sur.
Por eso, parece ridículo que se diga que nada más el Ayuntamiento de Guasave le dio contratos a la constructora Jatziry por más de un millón 600 mil pesos en el 2009, y que la gasolinera Jatziry fuera proveedora en el mismo periodo que ocupó Burgos Pinto, cuando en Sinaloa existe una “narcoenomía” que permea todo: restaurantes, tiendas de ropa, bares, inmobiliarias, empresas automotrices (que venden al por mayor vehículos de lujo a los narcos y sus hijos). Financian campañas y hasta siembran miles de hectáreas de cultivos, beneficiándose de los programas de apoyo del gobierno federal.
Ahí en la lista del Procampo siguen las Carrillo Fuentes, Misael Torres Urrea… y hasta el primer semestre del 2012 estuvo un tipo llamado Manuel Torres Félix con domicilio en Cosalá… y no sabemos si es el difunto al que abatió el Ejército en Oso Viejo, Quilá.
Entonces…
Las cuentas del HSBC
Si el HSBC lavó más de 11 millones de dólares diarios en Culiacán, por lógica, el promedio que blanquearía cada sucursal sería de un millón al día… Negocios fructíferos.
La trata de personas
El dato que escandaliza, y que vino a traerlo la ex diputada federal del PAN, Rosi Orozco, fue que en Sinaloa desde hace años opera la red de trata de personas denominada “la banda de Tlaxcala”, cuyo líder es Noé Quetzal Méndez Guzmán, originario de Tenancingo, actualmente preso en el DF.
Se descubrió a raíz de que fue rescatada de la calle Sullivan del DF, un hediondo hoyo de lenocinio, una chavita originaria de Escuinapa, que durante cuatro años fue presa de este grupo criminal.
De Sinaloa, dijo Orozco, enganchan a las jovencitas a Tijuana, donde las prostituyen y las venden a los congales. Es su ruta.
En el estado, en el 2011, luego del montaje realizado por la Secretaría de Seguridad Pública, al simular que rescataba a una menor de las garras de una banda de lenones, se aprobó una Ley para prevenir la trata. Es letra muerta todavía.
Sobre todo en los campos agrícolas se mantienen estas redes de prostitución, tan inhumanas como tristes. Un ex funcionario de Sedesol me contó en una ocasión que en una cuartería de un campo en Villa Juárez, Navolato, descubrieron un burdel donde las indígenas eran obligadas a prostituirse. Pero esta es una realidad a la que el gobierno, hasta ahora, ha decidido voltearle la cara.
Como la que se anuncia tan campante en el periódico El Debate, de la familia Salido Artola: “Trabaje de bailarina en Tijuana y Los Cabos”. Negocios son negocios ya dirán.
Martín Durán/La Pared
Muy Bueno el Articulo.