De narcotráfico y campañas políticas

De héroes y villanos

 Actualmente los órganos fiscalizadores difícilmente rastrearán el dinero proveniente del crimen organizado que se cuela en las campañas, en todas ellas, como un chorro profuso que alimenta la propaganda y que nadie se atreve a denunciar porque forma parte del ciclo de la política mexicana, o porque de ello depende la vida o la muerte de quien lo diga.

No sólo el dinero que viene del narcotráfico, sino aquel que los empresarios y políticos suelen obtener y dar a raudales para conquistar el voto de los ciudadanos desprevenidos, sin que sea regulado por los órganos electorales sencillamente porque son recursos que se gastan sin documentar.

En Sinaloa se habla de este fenómeno de financiar campañas más como un mito que como una realidad, y ante esta realidad todos callan, no nada más por la aparente complicidad sino porque también, oh sorpresa, es casi imposible comprobar.

Al ser entrevistado la semana pasada sobre este tema, Jacinto Pérez Gerardo, presidente del Consejo Estatal Electoral, indicó que no se cuentan con las herramientas para detectar estos recursos, que en otras palabras las leyes en la materia son insuficientes y que de ser así la institución a su cargo no lo puede evitar. No se cuenta y tampoco se quiere mencionar.

Lo cierto es que es difícil imaginar que en la tierra del narcotráfico, ese viejo estigma que trae el estado, los delincuentes de todos los tamaños no quieran saber el futuro político que le depara a su territorio, y de una u otra forma se vuelcan hacia tal o cual candidato, aunque sea de manera indirecta, porque así convienen a sus intereses que, es un hecho, los tienen en esta pródiga entidad.

Es cierto que no se ha documentado o no se ha medido la influencia que ha ejercido el cártel de Sinaloa en comicios pasados. A lo más, el semanario Ríodoce hizo un intento en julio del 2010, cuando Mario López Valdez resultó electo en las urnas.

En el reportaje titulado “¿Por quién votó el cártel?” el semanario intentaba demostrar que los testaferros de Ismael “el Mayo” Zambada aportaron su ayuda, económica, en especie o con su borregada de votos, al actual gobernador. Pero todo quedó en teoría o especulación, porque en realidad nunca llegaron al fondo de las cosas.

El director de una consultoría, dedicada a levantar encuestas en torno al posicionamiento de políticos en la entidad, alguna vez me comentó que en efecto es viable medir el impacto del narcotráfico en una campaña política, que era una realidad, pero también me aseguró que es que es un tema al que nadie le va a entrar tan fácilmente. Además, por su experiencia, era mínima la influencia del narco como tal en el electorado.

Sin embargo, nada más levantar encuestas simples en zonas controladas fuertemente por las células de la delincuencia organizada es complicado, incluso en ciertos lugares se tiene que avisar de antemano a los narcos locales para poder llevar la estructura de los encuestadores o de plano apalabrar para que a los empleados no se les moleste mientras hagan su trabajo de preguntar a los habitantes de un determinado poblado (no así en las ciudades).

Una anécdota de este tipo refiere que en la comunidad de León Fonseca, Guasave, dominada por las huestes de Fausto Isidro Meza Flores, “el Chapo” Isidro fue imposible realizar una encuesta a los pobladores porque el comando encargado de la vigilancia no lo permitió. Los jóvenes tuvieron que replegarse, hacer un lado esa comunidad y mejor marchar a otras con menos riesgos.

Por ello, es una verdad que el narcotráfico siempre ejercerá algún tipo de influencia en una elección, ya sea con su dinero gastado en camisas, comilonas, playeras, sandalias, propaganda, etcétera, etcétera, o con su influencia sobre el ganado político. No se trata, tampoco, de comprar al candidato, sino de darle el apoyo, claro.

En fin, es un tema que debería de abordarse con el debido tratamiento que se merece, pero aunque en lo público a nadie le importe.

La despedida

Ayer los legisladores dispensaron la lectura del primer paquete de cuentas públicas pertenecientes sobre todo a los municipios del sur. Qué va, no hacía falta entretenerse con meros trámites burocráticos en víspera de semana santa. Lo mismo pasará con la reforma de iniciativa de la UAS, la cual permitirá llegar a la rectoría al siniestro Jesús Madueña Molina, actual secretario del Ayuntamiento, un mal remedo de Héctor Melesio Cuen Ojeda.

Para ello, Cuén Ojeda se volcó en apoyos desde el PAS para el diputado y aspirante a la candidatura de Guasave, Luis Antonio Cárdenas Fonseca. “El PAS apoyará al PRI si va Luis Cárdenas”, más o menos dijo Cuen en un programa de radio en el norte. Y Cárdenas ya tiene días diciendo que si hay un acuerdo a nivel político la dichosa reforma saldría estos días. Es un anuncio pues.

Lo otro que saldrá será el empréstito de 200 millones que solicitó el alcalde de Ahome, Zenén Xóchihua Enciso, que dizque para obra pública. Ayer el diputado Cenovio Ruiz Zazueta, presidente de la Junta de Coordinación Política, sostuvo una reunión con Zenén y Edgardo Burgos Marentes, con el fin de cabildear la rápida aprobación del préstamo, en virtud de que la bancada del PAN brilla por su ausencia para estas cosas.

Bueno, al fin y al cabos ya aprobaron el cupón cero, y vengan más préstamos y sus paleros que dicen que es más necesario que el recurso de la federación ordinario para resolver problemas que le correspondería al gasto corriente. Así las cosas.

Dispensar lo dispensado

Por cierto, en la sesión de ayer a los diputados nada más les faltó dispensar el orden del día. Quieren vacaciones pues.

Martín Durán

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