Chenchito, medio siglo de vida entre chistes, fama y cocaína

Chenchito, medio siglo de vida entre chistes, fama y cocaína

A don Enrique la fama le llegó de una forma extraña: el escritor español Arturo Pérez-Reverte describió en su novela del narco La Reina del Sur, a un muñeco cocainómano que se presentaba todas las noches en el bar Don Quijote, ubicado en el Triángulo de las Bermudas culichi, para hacer felices a los borrachines con sus chistes guarros.

“De ahí comencé a salir –dice el ventrílocuo-, vino Arturo Pérez-Reverte para hacer la novela La Reina del Sur, y en la página 42 del primer libro sale Chenchito, un muñeco adicto a la cocaína”.

Don Enrique le atribuye a esa mención que los medios empezaron a interesarse en su compañero de vida, Chenchito.

“Empezaron a llegar los medios, llegó la revista Cambio 21, el periódico La i, y más tarde más medios y empezaron a sacarme en los eventos grandes, y hasta la fecha me sacan en televisión”, refiere ya a once años de publicada la novela que cuenta la historia de Teresa Mendoza.

 Viernes 8 de marzo. Saliendo del túnel Federalismo

No importa que te cobren el cóver adelantado. El bar Spartakus (antes La Valentina) se llenó a reventar esta noche. De un lado a otro, las hermosas meseras van y vienen con cubetas cargadas de cerveza: Corona y Pacífico, como lo exige el manual.

La pantalla gigante apenas es capaz de entretener a los parroquianos, que para las 9 de la noche pedían la presencia del muñeco cuya puntería para la grosería y la carrilla nunca falla. Así como tampoco le falla su buena snifada de cocaína. No importa si es buena o mala: él ya la aspirará y lo comprobará.

Por fin, una hora más, Chenchito y Enrique hacen su arribo al escenario, a la hora en que el público masculino entra de manera frenética a los migitorios.

“Quíbule, gente…”, grita el muñeco.

Chaparrito, vestido de traje gris, nadie creyera que en unos momentos más disparará la jocosa burla al primer gordo que vea. Tampoco faltará, desde luego, aquel que tilda de homosexual al muñeco.

Ya pasó el tiempo de la carestía en que iba más deshilachado. Hoy tiene las cejas pobladas más altas que nunca, pero el cabello hirsuto sigue siendo el mismo. Pero la fama se siente más en lo que cobra por hora que en lo que viste.

En cambio, don Enrique está más viejo de como lo vi la primera vez, en el otoño del 2003 en que llegué a Culiacán a estudiar Letras Hispánicas.

A los 17 años descubrí a un Chenchito noctámbulo, mujeriego y carrilludo en la cantina Don Quijote, en la gloriosa época en que en Culiacán sólo se mataba cuando era necesario.

Producto de una cultura eminentemente sinaloense, los chistes de Chenchito llevan la huella profunda del habla callejero, pero sobre todo el habla masculina: palabrejas que antes estaban vedadas a las mujeres, frases de doble sentido que uno creerá que sólo los hombres son capaces de entender.

¿Quién fuera de Sinaloa entendería los chascarrillos dirigidos a los guasavenses? ¿Quién fuera de Culiacán entendería cuando habla de los talleres de estéreos de la Colón, de la gente del Mercadito, de los empleados de la Coppel o la Bachoco?

Muchas de sus historias ya se hicieron parte del folklor, pero nada es gratuito: Enrique mamó de ese folklor callejero, burdelario, que sólo se entendería con una bolsita de perico barato aspirado en un baño de cantina.

Si el show en el Spartakus sigue, la próxima víctima será la mesera delgadita, color mulata, que esta noche decidió llamarse Alma. No son pocas veces en que las víctimas más recurridas son precisamente las damas que atienen a los parroquianos.

La cantina, pues, es el hogar natural de Chenchito y su compa Yiyo. Dos horas después, el show acaba.

Show. Con los fans de cada noche

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Breve digresión

Don Enrique nació hace 63 años. Dice que Chenchito vino a este mundo cuando él tenía 9 años, por lo que no es difícil imaginarse que este hombre y su muñeco han llegado a ser uno solo en estas más de cinco décadas.

Y si uno lo piensa cuando es visto en el escenario, como se combinan ventrílocuo y marioneta, entonces se llega a la conclusión que el hombre le inspira un hálito de vida a la madera transformada en hombrecillo.

Un día de su infancia conoció a un marionetero que hacía llamarse Vicente y que tenía un muñeco que se llamaba Rockito, y fue entonces cuando el monito hablando lo dejó tan maravillado que no cejó hasta convertirse en ventrílocuo profesional, haciendo un lado una carrera de músico burdelero que nunca vio como una opción en la vida, sino como una pasión.

“Yo no sabía que podía ganar dinero con Chenchito”, repite una y otra vez en las entrevistas el sonorense criado en el desierto.

Por eso, esta noche de viernes accedió a una rápida entrevista. Fueron unos minutos después del show.

Cuando fui a saludarlo, sudaba a borbotones, a pesar de la noche fría de marzo.

“Es que Chenchito siempre me hace sudar, y más cuando se junta con Yiyo y hacen travesuras”, advierte cuando tomamos el taxi que nos lleva al hotel del centro de la ciudad.

La entrevista

-Uno cree que con los años ya no tienes nada nuevo que mostrar, ¿pero ahora que podemos ver en tu show?

“El show todo el tiempo está renovándose, ya viste lo que se dijo ahorita todo, es lo que traigo que sacamos a principios de febrero, está grabado aquí en Culiacán en un lugar muy bueno, con mucho público bonito, y bueno todos los chistes están cambiados, cada tanto tiempo voy cambiando, y la novedad que traemos ahorita es que vamos a grabar en los estudios Rivera, con don Pedro Rivera, me mandó hace unos días a un emisario y me pidió una carta de finiquito de la disquera donde actualmente grabé La Bicicleta Blindada”.

 (Breve paréntesis: La Bicicleta Blindada, contaría en una ocasión Chenchito, sería compuesta debido a que hace años se desató un rumor de que habían asesinado a Enrique en Guadalajara. Entonces este vehículo le daría protección futura para cualquier eventualidad.)

-¿Por qué nunca has sacado a un familiar de Chenchito?

“Ahora vamos a sacar a la tía de Chenchito, pero la quiero presentar en televisión nacional, primero presentarla allá y después ya que salgan en las distintas partes donde me lo soliciten, llevar el show a donde quieran, ahora con los tres muñecos.

-¿Seguirás con el mismo show o le bajarás al nivel de carrilla?

“Si no soy grosero la gente me abuchea, cuando recién empecé a salir de las cantinas de puros hombres a un público donde había mujeres en los palenques de Sonora, en Hermosillo, en Obregón, e iban muchas parejas de esposos y novios, me daba vergüenza a mí, pero la gente me decía que querían ver a Chenchito como es, así es que no debe haber tapujos. Así que comencé a abrir la compuerta hasta que se pudo gracias a Dios y la gente lo acepta. Es que yo digo, tengo una concepción de lo que yo hago: cuando el morbo se encamina a divertir no llega al cerebro como tal, no llega como morbo, llega risueño, vacilada, con chiste, para que la gente se pueda divertir.

-Podemos decir que es un estilo que ya es tu marca…

“Yiyo pues no es así, pero Chenchito tiene que ser forzosamente grosero, por eso es que los programas como Sabadazo, que hemos ido y seguiremos yendo, en varios programas de televisión donde no se puede decir groserías, pues opto por decir chistes sanos, como por ejemplo en el carrusel que se hace en Sabadazo, salimos cada quien a contar un chiste rapidito. Puros chistes blancos, hay que tener una retención mental para que en una estancia en esos programas no se vaya una colorada como lo que hago acá en público. Al final de cuentas el show verdadero es Chentito rojo, sin ninguna censura, así lo anuncian en todos lados y gracias a Dios nos va bien.”

-¿Qué llegaría a pasar si censuran a Chenchito?

“Si censuran a Chenchito tendrían que censurar a todos los que hacemos este tipo de comedia, pero no creo que suceda, las cosas van de menor a mayor y la apertura va aumentando día a día, ahorita se permiten muchas cosas que antes no se permitían, ahora ya se pueden. Yo por ejemplo la persona que me está moviendo en televisión me dice: esto debiste haber hecho hace 15 años. Y le digo “hace 15 años no se permitían las leperadas”, apenas en las cantinas de puros hombres, eso se valía.

-¿Cómo empiezas en esta carrera?

“Yo trabajaba en el parque infantil del DIF en Hermosillo, todos los domingos tenía un programa y entre semana en las escuelas tenía show, al contrario con música sana, como la del Rey:

“Yo sé bien que allá en la escuela, aunque me duela la muela, sé que tendré que estudiar”.

Y decía en voz baja: “si acaso nunca estudiaste, ya estuvo que reprobaste”… “¡Y burro voy a quedar!”. Así terminaba el coro.

-Enrique, a lo mejor ya lo has contado, pero la biografía de Chenchito, ¿cuándo nace, como lo traes a este mundo?

“Bueno Chenchito nació a los 9 años que tenía yo, a esa edad tuve el primer muñeco; de hecho he tenido muchos muñecos y desde el primero se llama Chenchito.

 -¿Por qué ese nombre?

“De chamaco vi una función en tercer año y me gustó mucho cómo hacían hablar al monito, se llamaba el señor, el show “Caravana Vicente y Rockito”. Vicente era el señor y Rockito el monito. Fue él el que me dijo cómo se podía hacer la ventriloquía, entonces recuerdo que yo no lo dejaba en paz cuando se acabó la función, porque quería saber cómo habla el mono, y así lo traía todo el rato preguntándole cómo hablaba el mono. Yo creo que eso mentalmente me llevó a ponerle después el nombre. Ya más tarde andaba en las escuelas con el nombre “Caravana Enrique y Chenchito”, similar que el señor este.

-¿Le podemos poner fecha de nacimiento?

“Uhhh, pues tengo 63 años, saca la cuenta. Pongamos como en 1960 ó algo así, más o menos.”

En tele. La fama llega siempre

En tele. La fama llega siempre

Enrique suma todos estos años y dice que ya es mucho camino recorrido. Primero, relata, comenzó con show infantil, pero lo hacía más como un hobbie, no con el fin de lucrar.

“Yo siempre tuve a Chenchito, pero no sabía que podía ganar dinero con él, yo era músico, yo grabé El Cangrejito Playero con un grupo melódico cuando estaba plebe. Entonces cuando me di cuenta que podía ganar dinero fue todavía estando en la música, acompañaba una variedad en un bar donde llegó un ventrílocuo, que trabajaba mucho menos que yo, y ganaba mucho más que yo, se negreaba menos que yo, y lo hacía más mal que yo. Entonces dije: si este hombre gana dinero porque yo no”.

Entonces se fue con un delegado de la ANDA que conocía en Culiacán, debido a sus pasos en el mundo de la música en la ciudad. No fue difícil llegar con este representante.

“Fue él quien me encaminó en este mundo, yo no sabía nada, y fue así como conseguí mi primera chamba en el restaurante Acapulco en Navolato. Esa fue la primera empresa de trabajo y fue ahí donde agarré colmillo”, narra.

En ese tiempo, prosigue, en este lugar se presentaban artistas más de corte folklórico, fuera de la moda actual.

“No había table dance en aquellos tiempos ni nada de eso; era folklor a la usanza antigua”, cuenta.

-¿Y El Quijote que fue para ti?

“El Quijote fue un trampolín bastante bueno, tres años que trabajé de corrido de lunes a sábado con el orgullo de que siempre hubo gente que fuera a ver el show. De ahí comencé a salir, ahí vino Arturo Pérez-Reverte para hacer la novela La Reina del Sur, y en la página 42 del primer libro, porque en esa página salió en el primer libro, no sé si la habrán recorrido, ahí sale Chenchito, dice un muñeco adicto a la cocaína. De ahí empezaron a llegar los medios, llegó la revista Cambio 21, el periódico La i, y más tarde más medios y empezaron a sacarme en los eventos grandes, y hasta la fecha me sacan en televisión.”

-Dime un secreto: ¿cuándo agarró Chenchito el vicio de la cocaína?

Suelta la risotada. Ya nos hemos bajado del taxi que nos trajo al hotel Santa Fe, en pleno Centro de Culiacán, cuando la noche llama a la parranda. Enrique no se lo piensa para contestar:

“Desde la primer servilleta que le llevaron. Cuando empecé en el Quijote fue eso, en el 2002. Ahí se envició Chenchito y de ahí pal real no ha dejado de que le duela algo, porque dice él: “Es que me duele algo… snifff… snifff” y ya con eso dice que se le quita el dolor.

Martín Durán/La Pared

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