Muchas veces cuando escribimos, lo hacemos sobre temas que parecen importantes y de trascendencia, consideramos haber realizado un esfuerzo al investigar y documentar respecto a lo que se escribe, pero a veces es importante hacerlo y hablar de cosas que se consideran triviales, de aquellas que no ocupan las grandes planas en los periódicos; hablar de la familia, de los hijos, de los amigos, de los compañeros de trabajo, en fin de todo lo que nos rodea y a lo cual restamos méritos.
Consideramos que es prudente recordar por escrito situaciones que nos causaron inquietud en algún momento y no supimos agradecer verbalmente. Son espacios de tiempo insertados en la memoria que nos recuerdan vivencias que pueden parecer cuentos o historias pero que afortunada o desafortunadamente son reales.
Cierto es que este tipo de reflexiones difícilmente aparecerán en primeras planas, lo cual no es tampoco necesario, porque finalmente lo más importante es que ese espacio sea nuestra propia conciencia. Tengamos presentes que “el agradecimiento es la memoria del corazón”, pero para poder pensar de esa manera es necesario realizar una profunda reflexión y reconocer nuestras fortalezas y vulnerabilidades y lo más difícil para poder llegar a esta conclusión es actuar con honestidad.
Lo más fácil es actuar como algunas personas que conocemos, que con tal de acarrearse algún beneficio, toda su vida se han dedicado a denostar a quien sea, pasando por encima de quien se les atraviese, actuando hipócritamente y querer dar una imagen que tarde o temprano resurgirá tal y cómo es, ruin y perversa y esto se da en todas partes, más en el área laboral. Amigos lectores ustedes tienen la última palabra.
Por Litos