La DEA frustó los planes del Macho Prieto en Dominicana
Martín Durán
Un candidato expresidencial dominicano embarrado, un mexicano con un elegante apellido italiano, dos hombres enviados a negociar una valiosa carga, un empresario italoargentino y el apodo de Gonzalo Inzunza Inzunza y su hermano gravitando en torno a los planes del cártel de Sinaloa por utilizar la franja del Caribe para trasegar cocaína colombiana en un avión Sabreliner 60, adquirido por la empresa criminal mexicana más próspera del continente.
El expediente de Abraham Inzunza Inzunza abierto en la Corte Federal para el Distrito Sur de Nueva York relata apenas la punta de la madeja del ‘contacto en el Caribe’ que querían usar para sacar toneladas de cocaína de Colombia vía Venezuela, de ahí a una paradisiaca isla del caribe hondureño. Pero la DEA les frustró este plan, y hoy el mal conocido como “piloto del Chapo” y su negociador esperan sentencia, mientras que El Peque de la Morelos inicia su proceso judicial. Esta es la historia de los sinaloenses involucrados en esta trama criminal internacional.
UNO: CONTACTAR AL PILOTO
Gonzalo Inzunza Inzunza se le presentó al piloto con cerveza y cocaína en las manos. Era principios del año 2011, y había fiesta en aquel rancho de las afueras de Culiacán. El hombre llevaba un arsenal encima: armas, cargadores y granadas, pero además se hacía acompañar por un guardaespaldas que no le quitaba la vista de encima.
Una noche anterior, el piloto Héctor Andrés Chávez Ramírez, había llegado a la ciudad y se había hospedado en un hotel junto con un tipo de apellido Sarmiento. Sabía que meses atrás, a fines del 2010, un amigo lo contactó con un sujeto que le pidió ayuda para cambiar la matrícula de un avión jet Sabreliner 60 de origen estadounidense por una mexicana.
“Soy piloto de avión, y estoy familiarizado con la mecánica y el registro de aviones”, dijo en su declaración jurada ante el Juez.
Sin saber a quién pertenecía el jet, Chávez Ramírez inició el proceso de rematriculación de la aeronave, pero no faltó que alguien le dijera que estaba ayudando a un hombre del cártel de Sinaloa.
Convertido en testigo cooperante de la DEA, el piloto accedió a narrar la historia de cómo terminó junto con otro cómplice en República Dominicana, en donde fueron capturados en la primavera del 2012. Hasta allá habían sido enviados por Ismael Zambada García, El Mayo, y uno de sus principales operadores, Gonzalo Inzunza Inzunza, El Macho Prieto.
Estos testimonios se encuentran recogidos principalmente en la acusación que se mantiene en contra del hermano menor del Macho Prieto, Abraham Inzunza Inzunza, alias El Peque, extraditado a Nueva York a fines de abril pasado. Ante el juez, El Peque se declaró no culpable. Lo acusan principalmente de participar en la organización que comandaba su hermano.

La trama
En esa época en que le pidieron cambiar la matrícula del jet, Chávez Ramírez vivía en Culiacán, Sinaloa. Se dedicaba a pilotear aviones y a echarles mecánica. Cuando logró terminar el papeleo para el avión, el Jefe lo invitó a una lujosa casa.
Fue ahí donde se enteró que las gentes del cártel tenían el plan de utilizar el Sabre 60 en las operaciones para trasladar cocaína desde Colombia a México.
“Le expliqué que sería imposible usar esa ruta porque el avión Sabre 60 que usaba no podía volar esa distancia”, señaló el piloto.
–¿Y puede viajar el avión de Colombia a Guadalajara?, preguntó.
Le respondió que tampoco. Frustrado, el Jefe lo envió a su casa.
Pero más tarde fue enviado a otro rancho, usado como almacén de camiones refrigeraros que transportaban en compartimentos especiales metanfetaminas rumbo a la frontera.
Ahí le explicaron que sería enviado a Honduras para determinar si el avión podía hacer el viaje a Colombia para transportar la droga. Al poco tiempo, voló al país centroamericano para entrevistarse con el contacto. Se trataba de un colombiano que lo llevó a una pista de aterrizaje de tierra.
Chávez Ramírez al analizar la situación opinó que el Sabre no podía aterrizar más que en una pista pavimentada. De Honduras volaron a Cali, Colombia, en donde los recibió otro contacto colombiano. En esta ciudad se dio cuenta que la ruta que querían los jefes del cártel era volar de una pista en Cali rumbo a la paradisiaca Isla Roatán, un trozo insular hondureño que es elegido por muchos turistas extranjeros para pasar las vacaciones.

De aguas cristalinas, rodeadas de corales, hermosos cardúmenes de peces y grupos tiernos de delfines, Isla Roatán tiene grandes hoteles, restaurantes de lujo y de vez en cuando suelen llegar los grandes cruceros de las compañías internacionales de viajes.
De regreso a México, el piloto fue enviado a un departamento ejecutivo en Guadalajara y ahí conoció a uno de los hombres de confianza del Mayo Zambada y Gonzalo Inzunza. Se enteró que esta persona, cuyo nombre no mencionó, se dedicaba a mover tráileres con metanfetaminas.
Semanas más tarde regresó a Colombia para revisar dos pistas más de aterrizaje para el jet. Una en la ciudad de Tolu y otra en Montería. “Tenía entendido que el viaje era necesario porque no podríamos transportar drogas a través del aeropuerto de Cali”, refiere su testimonio.
Sin saberlo, sin sospecharlo, Chávez Ramírez ya estaba muy dentro del cártel, de modo que para septiembre de 2011 fue enviado devuelta a Isla Roatán para arreglar un helicóptero en malas condiciones. Al no poder echarlo andar, Gonzalo Inzunza le habló y le dijo que si no se regresaba con el helicóptero a México, mejor no lo hiciera. Sabía entonces que lo podía matar.
Su temor comenzó a crecer, y meses más tarde aprovechó que no pudo documentar una avioneta Cessna para despedirlo. “Ya no trabajas conmigo”, le mandó decir.
“Después de eso comencé a trabajar vendiendo carros y motocicletas en Culiacán”, le dijo a la DEA.
Pero el 15 de marzo de 2015 su suerte cambió. El Peque le habló y le dijo que se preparara porque saldría directo a República Dominicana. Le dio un sobre con suficientes dólares para el viaje, y le dijo que si el trato de los mil 350 kilos de coca salía bien, su hermano ya no le haría nada.
Allá se encontraría con el negociador del cártel, un sujeto que conocía como Víctor Manuel Alvarado Torres. Era quien tenía los contactos colombianos y dominicanos. Era el hombre que lo iba a sacar de todos sus apuros. Al día siguiente de ver a Abraham Inzunza se largó rumbo a ese Caribe que se convertiría en uno de sus últimos destinos.
DOS: EL NEGOCIADOR DEL MP
Jorge Herman Peralta Medrano se declaró culpable ante la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York. Bajo pena de perjurio, confesó que en el año 2000 comenzó a trabajar para un narco local en Culiacán, Sinaloa, en ese tiempo le hacía mandados y le daba servicio a los carros.
Pero luego se ganó la confianza del jefe, por lo que empezó a darle pequeños paquetes de cocaína para realizar entregas a algunos clientes; poco a poco subió en el escalafón de la organización hasta que su responsabilidad era distribuir paquetes con ganancias que dejaban de 50 a 100 mil dólares.
Las ganas de triunfar en el mundo del hampa lo llevaron a Estados Unidos, pero fue detenido. En el 2010 cumplió su sentencia y se regresó a Culiacán.
En septiembre de ese año, cuenta Peralta Medrano, también identificado como Víctor Manuel Alvarado Torres, se reunió con un viejo amigo que le presentó a los hermanos Inzunza Inzunza, quienes se ofrecieron a financiarle su casa y sus gastos. A cambio, ayudaría en la organización criminal.
Un mes más tarde conoció a una mujer que le dijo que tenía conexiones en Colombia, y que podía contactarlo con sus fuentes para importar la cocaína a México.
Peralta Medrano comenzó a platicar con las gentes del cártel de Sinaloa, entre ellos el Macho Prieto. En las reuniones, dijo a la DEA que se encontraba presente El Peque, quien servía de brazo derecho de su hermano. Gonzalo propuso que la droga fuera sacada de Colombia en el avión Sabre 60.
De modo que mandaron llamar al piloto que volaría la aeronave, un experto en cambiar matrículas y pilotear largas distancias. Después de hacer los preparativos en el país, Peralta Medrano y el piloto viajaron a Cali, Colombia, en donde se entrevistaron con el intermediario.
Ahí conoció a un argentino que también se presentó como un hombre de conexiones. Pero las cosas se pusieron densas, y Peralta Medrano tuvo miedo, avisó a sus jefes en Sinaloa, y se cancelaron las negociaciones de manera momentánea.
“Regresé a México e informé sobre el viaje a Cali a los jefes. Les dije que un representante del lado colombiano vendría al país para reunirse con ellos, y hacer un trato con mil kilos de cocaína. Al final tampoco se concretó el plan”, comenta en sus declaraciones.
A pesar de que los planes no se ejecutaban por las dudas que había en ambos bandos, a las semanas Peralta Medrano y el piloto volvieron a Cali y en un restaurante de barbacoa al aire libre hablaron los detalles del uso del avión Sabre 60 para el transporte de la droga.
Para ese tiempo, la agencia antidrogas ya hacía un rastreo de los movimientos de los enviados del cártel de Sinaloa; fue hasta marzo del 2012 en que Peralta Medrano volvió a conseguir otro encuentro con los contactos colombianos, pero esta vez proponían como punto de reunión la República Dominicana. Las órdenes del Macho Prieto y de su hermano eran que tenían que adquirir un total de mil 350 kilogramos, de los cuales 150 tenían como destino Estados Unidos.
Armaron el plan que la droga no saldría de Cali por los riesgos, sino de la frontera con Venezuela, una zona que se estaba convirtiendo en el paso obligado de la cocaína debido a las restricciones colombianas. Así el plan de vuelo del famoso jet Sabre 60 era viajar de tierras venezolanas directo a Isla Roatán, en donde el italoargentino Franco Lombardi, un hombre identificado por la DEA como lavador de dinero, sería el contacto.
De Honduras la cocaína viajaría a México vía terrestre, para ser internado en el país. El 20 de marzo de 2012, el piloto Héctor Andrés Chávez Ramírez se encontró con Peralta Medrano en un hotel de Dominicana que daba al malecón.
En una habitación se reunieron con los mensajeros. Desde ahí, el negociador avisó sobre el avance de las negociaciones. No lo sabían. Ni siquiera lo sospecharon, pero el contacto colombiano era un infiltrado de la DEA. Sus llamadas, sus conversaciones por chat de correo electrónico y sus conversaciones habían sido grabadas. Al día siguiente en que se había pactado un encuentro, el 23 de marzo, la Policía de Dominicana junto con agentes DEA realizaron la redada en el hotel. Sus negociadores colombianos y dominicanos habían desaparecido. Nadie estaba con ellos.
TRES: LA CAPTURA Y EL ESCÁNDALO
La noticia de la captura del “piloto del Chapo” le dio la vuelta al mundo. Pero en realidad nunca fue piloto del Chapo, sino de la facción comandada por el Mayo Zambada. Los medios dominicanos se sorprendieron con la noticia.
De hecho, se enteraron una semana después de que Peralta Medrano y el piloto Chávez Ramírez habían sido expulsados del país sin ninguna fórmula de extradición legal. Sencillamente para cuidar las formas la DEA fue con los agentes dominicanos, que de inmediato entregaron a los hombres a los gringos, y los despacharon en un avión con destino a Nueva York.
Ese año 2012 eran las elecciones para elegir nuevo presidente de la república, y la silla presidencial se la disputaban Rafael Hipólito Mejía Domínguez, que ya había sido mandatario en el periodo 2000-2004 por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), y su contrincante Danilo Medina Sánchez, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Mejía Domínguez, siendo candidato, anunció en febrero de ese mismo año a través de un comunicado que viajaría a Culiacán, Sinaloa, a la feria agropecuaria (la Expo Agro), además de entrevistarse con grandes empresarios en la Ciudad de México.

Sin embargo, los organizadores de la Expo Agro nunca registraron tan insigne visita, y públicamente nunca se supo de su presencia en este evento anual realizado en el Campo Experimental del Valle de Culiacán. Lo que sí quedó registrado fue su reunión con Carlos Slim el 20 de febrero en Ciudad de México.
A su regreso a Dominicana, sus contrincantes políticos comenzaron a usar el viaje a México para cuestionarlo; entre las especulaciones estaba que había sostenido encuentros con los líderes del cártel de Sinaloa. Y como elemento de prueba sostenían que los grupos criminales sinaloenses estaban abriendo nuevas rutas a través del Caribe.
Cierto o no, la acusación de que era un narcopolítico surtió efecto: en las elecciones de mayo el candidato Danilo Medina arrasó en las elecciones. Tras su derrota, Hipólito Mejía inició una serie de juicios civiles por difamación.
CUATRO: UN MEXICANO CON APELLIDO ITALIANO
El hombre era un maestro del disfraz. Su origen era incierto. Cubría sus espaldas con un elegante apellido italiano. De él se decía que era un piloto diestro al servicio de la organización que mejor le pagara, y por eso en los últimos años se lió con el cártel de Sinaloa, pero en realidad fue detenido con una célula de contrabandistas de las más variopintas nacionalidades.
Luis Fernando Bertolucci Castillo fue capturado en julio de 2011 en un lujoso departamento de Santo Domingo. En el operativo de la agencia antidrogas dominicana participó la DEA. También fueron detenidos Marwan Chebli Chebli, un ciudadano del Líbano, y tres dominicanos: Leonel Gómez Guzmán, alias “Tony”, Miguel Antonio Rosa Ureña, alias “El Gato”, y José Antonio Contreras Reyes, conocido como “Pepe” o “el Viejo”.
Sobre todo, Bertolucci era mentiroso, ¿cómo confiar en un hombre que en prisión intentó vender su testimonio a otros reclusos para que salvaran el pellejo o para negociar sentencias menores?
De acuerdo con un reportaje de la cadena Univisión, la fiscal Andrea Hoffman acusó a Bertolucci de intentar vender un testimonio a otros reclusos en el centro de detención de Miami, Florida, en donde está internado, por lo que fue sancionado por el juez. La historia que ofrecía era una donde incriminaba a Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo, en las actividades de su padre.
Descubiertos sus planes, el piloto mexicano acusó difamación. ¿Pero qué creer en este enredo de intrigas y mentiras? ¿Cómo diferenciar a un estafador?
Luis Fernando Bertolucci en realidad se llamaba Fernando Blengio Ceseña. Era mexicano sí, y tenía un hermano que trabajaba como Ministerio Público Federal en la PGR.
Cuando fue detenido en Dominicana, Blengio Ceseña (Bertolucci) dijo a la DEA que el cártel de Sinaloa estaba enviando cocaína por el Caribe, y la antigua isla Española era el punto de embarque hacia España. ¿Pero era cierto? Las 14 toneladas de coca que habían incautado en barcos con destino a la isla convencieron a la agencia antidrogas que así era.

Ante el juez en la Corte de Distrito Sur de Florida, Blengio admitió usar tres alias; admitió que era piloto comercial, y que trabajó en vuelos chárter, en vuelos ejecutivos y ambulatorios. Los nombres falsos con los que volaba aviones repletos de droga eran Raúl Alfaro Jiménez, Luis Antonio Ortega Sandoval y Bertolucci.
Con el nombre de Alfaro Jiménez, según el periodista Joseph Poliszuk, Blengio fue la persona que registró en Venezuela el avión DC-9, el cual aterrizó en abril de 2006 en el aeropuerto de Ciudad del Carmen. La PGR decomisó 5.5 toneladas de cocaína almacenadas en 128 maletas.
Dicho avión sería conocido en la prensa americana como “Cocaine One”, y más tarde se descubrió que fue comprado con dinero lavado en el Bank Wachovia, el banco acusado de blanquear millones al Chapo Guzmán.
En 2012, Blengio Ceseña fue sentenciado a 13 años de prisión y 5 de libertad condicional.
QUINTO: EL PARAÍSO DE ROATÁN
Un mes antes de que Abraham Inzunza Inzunza fuera entregado en extradición, la Policía hondureña, en coordinación con la DEA, detuvo en Isla Roatán al supuesto enlace del cártel de Sinaloa para el área del Caribe, el italoargentino Franco Daniel Lombardi, acusado en Estados Unidos de lavado de dinero y tráfico de drogas.

Los agentes fueron hasta su casa de Roatán, lo esposaron y se lo llevaron a Tegucigalpa en un helicóptero. Según la prensa hondureña, Lombardi era propietario de un hotel y de un restaurante en la isla caribeña, y controlaba el trasiego de cocaína en las Islas de la Bahía, La Ceiba y San Pedro Sula, los tres principales punto del paso de la droga.
A los días, Lombarti fue puesto en un avión rumbo a Estados Unidos.

SEXTO: LA RUTA FINAL DEL MP
Todo comenzó el 12 de febrero de 2008 en Oklahoma, Estados Unidos. La DEA capturó a uno de los mensajeros del Macho Prieto con 12 paquetes de cocaína que iban bien clavados en un vehículo. Los paquetes tenían la leyenda: FERRARI. Con los meses, lograron incautar más droga en la frontera de Nogales con la misma marca. Pronto los cómplices cantaron quién proveía la mercancía del lado mexicano.
El 18 de diciembre de 2013, la Policía Federal y la Marina se lanzaron contra Gonzalo y su gente en la villa Bella Sirena de Puerto Peñasco. Cadáveres y bombas, horas de balacera. El rastro de Gonzalo Inzunza se perdió en el rastro de la sangre.
En la Corte Sur de Nueva York, su hermano, El Peque, se declaró no culpable el 28 de abril pasado.